Las semanas sociales eran una especie de convención a la que acudían clérigos y laicos para instruirse “en la solución que da la doctrina católica a los problemas sociales”.
Tuvieron su origen en Europa a principios del siglo 20 y se replicaron en nuestro país a partir de 1908, inaugurándose en la ciudad de León
Terminé mi colaboración apuntando que “en 1912 se fundó el Círculo de Obreros Católicos de Zacatecas, cuyo lema “Dios, Patria y Trabajo” cobijó a artesanos, mineros, etc., para proporcionar auxilios temporales y espirituales. Cada miembro contó con un fondo de ahorro, servicio médico y seguro por fallecimiento.
También hubo una organización homónima para mujeres, que además contó en 1913, con una “pensión” o “guardería” para el cuidado de las niñas de las agremiadas, denominada “La amiga de la obrera […] En 1912 se llevó a cabo en la ciudad la Cuarta Semana Social Mexicana, que finalmente encontraría eco en otro espacio de acción católica por parte de la feligresía: la política”.
¿Qué eran las semanas sociales y qué tenían que ver con los cristeros de más de una década después? Ya en la colaboración anterior hablamos del catolicismo social y su interés por las problemáticas que aquejaban a la sociedad de su tiempo.
Las semanas sociales eran una especie de convención a la que acudían clérigos y laicos para instruirse “en la solución que da la doctrina católica a los problemas sociales”.
Tuvieron su origen en Europa a principios del siglo 20 y se replicaron en nuestro país a partir de 1908, inaugurándose en la ciudad de León, bajo el impulso de los Operarios Guadalupanos, otra organización laical formada décadas atrás.
Cuando Miguel de la Mora llegó a la diócesis zacatecana se interesó por convertir a la capital del estado en la sede de una de estas Semanas, ya que él mismo fue activo operario guadalupano en su natal Jalisco.
Su sueño se cumplió en 1912, cuando la cuarta Semana Social se llevó a cabo del 23 al 28 de septiembre; se dictaron conferencias que duraban una jornada completa con distintos temas bajo la idea de formar una especie de “universidad ambulante de sociología teórica” (Boletín Eclesiástico, octubre de 1912).
Diversos exponentes dictaron lecciones sobre lo que consideraban una solución a las problemáticas del campo, de la minería y de la propiedad privada. Para entonces, el tema del reparto agrario había causado escozor en los sectores católicos quienes defendían la propiedad privada ante el profundo temor de que el reparto agrario fuera la puerta al socialismo.
Fue así que la realidad mexicana se discutió en clave confesional por asistentes activos en la acción católica. Por ejemplo, en el caso de la semana social zacatecana acudió la representación de dos diputados locales del Partido Católico Nacional del estado de Jalisco, Miguel Palomar y Vizcarra e Indalecio A. Dávila, el primero de ellos importante ideólogo y estratega político de la guerra Cristera, cofundador y líder de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.
Otro de los fundadores de dicha liga, fundamento ideológico de los cristeros, fue Rafael Ceniceros y Villarreal, abogado que no obstante su origen duranguense, consolidó su carrera profesional y política en Zacatecas siendo gobernador del estado entre 1912 y 1913 también por el Partido Católico Nacional.
Este último dato no es anecdótico: desde la cúpula eclesiástica se fomentó la participación de los católicos en la política. En mayo de 1912, Miguel de la Mora exhortaba a los fieles en su quinta carta pastoral a que “en caso de ser llamados por sus conciudadanos y de pedirlo así el bien de la iglesia y del pueblo, los católicos deben estar prontos a echar sobre sus hombros las cargas públicas, aun cuando tengan que sufrir grandes amarguras y apurar el cáliz de indecibles martirios, de parte de los impíos, que jamás verán con buenos ojos el reinado del orden y la justicia”.
Como ya se mencionó, ya en ese año había llegado al ejecutivo del estado un acendrado católico muy cercano a la jerarquía eclesiástica local, gracias a una acción política católica ya ejercitada en organizaciones laicales.
Las organizaciones gremiales, así como las semanas sociales, enseñaron a diferentes sectores católicos (obreros, campesinos, intelectuales) a organizarse de manera autónoma más allá de la vida parroquial tradicional.
De esas experiencias de organización y formación política como el Partido Católico Nacional en 1911 y otras asociaciones sindicales, dieron a este sector las herramientas para que, en un contexto completamente distinto después de 1917 serían aprovechadas para nuevas formas de movilización cuando estalló el conflicto cristero en 1926.
*Maestra en Estética y Arte
COLUMNA: HISTORIAS E IDENTIDADES
TÍTULO: Previo a los cristeros (3)
AUTORA: GABRIELA BERNAL TORRES*
