De los problemas de los municipios II
La semana pasada, estimada y estimado lector, le compartí una serie de consideraciones que, con base en la experiencia que me ha dado la Oficina Móvil del Servicio de Administración Tributaria (SAT) en Zacatecas y otras más, así como con lo vivido en municipios de otros estados del país, aportaba respecto de las problemáticas que viven la célula básica de la organización administrativo-gubernamental en nuestro país.
En esa colaboración, quizás sin querer queriendo, destaqué al municipio de Francisco R. Murguía (Nieves) como una buena referencia de una serie de prácticas positivas que, en lo institucional, nos ha permitido tener una mayor vinculación y cercanía con la ciudadanía para llevarle trámites y servicios que son de vital importancia para su vida económica. En ese texto le relaté la extraordinaria relación que he constatado entre los integrantes del cabildo y el equipo de gobierno de ese hermoso municipio.
Después de esa colaboración recibí varios mensajes que me cuestionaban otros aspectos de la vida pública de los municipios, las cuales inciden en su buen desempeño y hubo francas invitaciones de parte de quienes me hicieron el favor de leerme para que abordara otros temas, pues en el intercambio de mensajes que tuve con esos lectores como producto de la colaboración anterior, salieron a relucir varios matices que generan deficiencias en el buen desempeño de los gobiernos municipales.
Por eso es que decidí darle continuidad a esa colaboración titulada “De los problemas de los municipios” para tratar de abordar algunas de las cuestiones que, como le comentaba, me ha tocado ver en diferentes ayuntamientos de nuestro país y que, desde una perspectiva estrictamente personal y particular, me parece que son puntos fundamentales que pueden limitar el buen desempeño en las tareas del municipio.
En esta colaboración déjenme referirme a una cuestión básica que a veces pasa de largo en dimensionar lo que pasa en un ayuntamiento: la integración, funcionamiento y comportamiento del cabildo. Seguramente usted dimensiona con claridad, estimada y estimado lector, que el cabildo, por definición normativa, está integrado por la figura de la persona titular de la presidencia municipal; la persona titular de la sindicatura; y las personas titulares de los espacios de regidurías. Este órgano, el cabildo, como asamblea, implica que sean varias personas las que pueden intervenir para que se dé la aprobación o no de determinado asunto de interés público para la demarcación territorial municipal. El problema que me ha tocado ver es que, como se dice coloquialmente en el argot público, “se enojan las comadres y aparecen las verdades”.
Con esto me quiero referir a que, en determinado momento, se dan una serie de diferencias o desencuentros entre las personas que ocupan esos cargos y parece que eso debe llevar a disputas de carácter personal que impactan directamente en el buen juicio para tener un funcionamiento institucional óptimo. No sabe Usted, estimado lector, cuántas veces me ha tocado ver que una persona que fue electa como presidente municipal, al mes se peleó con la persona de la sindicatura y a partir de ahí se generan grupos políticos, administrativos, o hasta de choque, que bloquean tal o cual iniciativa solamente porque ésta viene de la parte rival o del agraviante. Llega a ser ridícula la forma en que las personas ya ni se saludan cuando hay un acto gubernamental o una aparición de carácter pública.
De ahí la importancia de que la integración de los cabildos pueda tener un esfuerzo adicional del lado de los partidos políticos, pues son estos los que presentan una planilla que busca ser votada en una elección, y para eso se sugieren personas titulares y suplentes de los cargos para la integración del cabildo. Un trabajo más pulcro de parte de los partidos políticos podría cerrar la llave a la posibilidad de que existan diferendos francamente estúpidos y de visión corta que paralizan los trabajos en un ayuntamiento o hasta los encarecen, pues he escuchado de situaciones en las que ha existido la posibilidad de que integrantes del cabildo soliciten alguna clase de “prevenida” o “beneficio” para aprobar o negar determinada situación de orden público que se presenta en las sesiones de cabildo.
Si algo debe definir hoy en día al trabajo que se puede realizar en una presidencia municipal, es la eficiencia y eficacia con la que pueden desarrollar sus trabajos en una inmediata respuesta a determinadas necesidades de la población. Un municipio no se hará cargo de un hospital, pero un municipio sí puede facilitar una ambulancia en determinado momento para un traslado. Hay cosas que un municipio puede hacer, hay cosas que normativamente no.
Pero hay cosas que, independientemente de la ley, el municipio puede construir en términos de facilidad administrativa para que la vida de un ciudadano tenga una mayor ligereza y puede enfocarse a atender otras prioridades, y no quedarse entrampado en las dificultades que vive el ayuntamiento por las carencias que puede tener el municipio pero, peor aún, por las limitaciones técnicas o de prospectiva que pueden vivirse en la forma de relacionarse que tienen integrantes de los cabildos, así como las y los funcionarios que acompañan las tareas gubernamentales.
Formar equipos de trabajo cuesta mucho y es cosa de, como con Alcohólicos Anónimos (AA), “un día a la vez”. Pero dinamitar, meter cizaña, politizar estúpida y ruinmente, así dividir a la gente, es lo más fácil del mundo para pseudo servidores públicos o pseudo funcionarios que, cual sanguijuela, solamente quieren vivir cómodamente a expensas de otras personas, en este caso, de los ciudadanos de los municipios.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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