El mundial de la camorra
“El futbol es la única religión que no tiene ateos”. (Eduardo Galeano)
Pues, para los amantes del futbol y la triquiñuela, se inauguró la justa mundialista de la especialidad, para satisfacción de la federación internacional, Infantino y la mafia que controla este espectáculo a nivel universal. Con cambios en la competición (más selecciones, más partidos) y el control de Infantino sobre las taquillas (los boletos para ingresar a ver los partidos cuestan un huevo), nos recetan un programa sujeto a las necesidades económicas de la organización con sede en Zúrich, Suiza, pero no a las del espectador. Aquí, en esta fiesta fubolera, la nota ha sido: Primero Infantino.
Y es que parece que ningún gobierno quiere ponerse a las patadas con el monopolio panbolero; se le entregan toda clase de comodidades a los dirigentes del futbol a costa de joder a los jodidos, sí a esa clase que inventó el deporte de las patadas y lo convirtió en su placer y religión. Los jodidos ahora no pueden ver el mundial ni en la TV, pues para ello necesitan comprar un plan de cualquier empresa que no cuesta un peso o dos. ¡Nooooo! Ver el mundial es muy caro y las ganancias solo se quedan de un lado de la mesa; no son para inversiones en educación, salud, son para el deleite de los parásitos de siempre, que se han hecho ricos, milagrosamente, de la noche a la mañana.
Y resulta muy lamentable que la crítica se haya ausentado en estos momentos, ya sea porque decidieron alinearse a los poderes fácticos o porque su marginalidad no les ha permitido salir de las catacumbas, para cuestionar las formas en que algunos grupos se han enriquecido a las sombras de las grandes trasnacionales. El futbol, como deporte de la clase obrera, en algún momento fue expropiado por las empresas de alimentos chatarra y se convirtió, de espacio de crítica y asueto, en control y vigilancia sobre los marginados. Hoy, en manos privadas, es mecanismo de alineamiento.
Agradezco me hayan permitido tomar una pausa para hidratación. Y como digo, el fuchibol se ha convertido en un negocio redondo para la corrupta federación internacional, algo que no es desconocido; si rascamos en la historia encontraremos a dirigentes, como Joao Havelange o Joseph Blatter, que se han vuelto millonarios con la venta de las sedes del mundial. Ahora el capo Infantino fue más allá y ha exigido que el billete por concepto de entradas vaya a parar a las arcas de su organización. Sí, este mundial -tripartita- es el más caro de todos los que se han celebrado, pues el precio de los boletos de ingreso a los estadios ha aumentado una barbaridad (casi un 400 por ciento). De manera que, aunado al dispendio de nuestro país en la modernización de sus estadios (como lo afirmó Peña Nieto), la raza no tendrá más remedio que ver los partidos en la telera. Al estadio solo van los miembros de Somos México (pinche partido facho).
Hoy (esto lo escribo el martes 30 de junio), México se enfrenta a Ecuador en un encuentro del que pierda a su casa. Y se dice que el presidente Ecuatoriano Noboa pidió visa para apoyar a su selección, pero no se olvida el asalto de las fuerzas represivas de ese país sudamericano a la embajada mexicana, en un acto propio de los gorilas que han gobernado el sur del continente. Y la neta que apoyar a uno u otro seleccionado, depende del grado de alineación del sujeto. A mí me da lo mismo que gane o pierda la selección mexicana; estaré más complacido con que el gobierno de la 4T brinde un aumento a la educación superior, a la salud. Por cierto, y hablando de la 4T, ¿ya vieron quiénes se registraron para ser la corcholata de MORENA para la gubernatura? Sí, estamos muy jodidos. Mi sobrina espera que, si gana la ficha favorita de David, le regresen la lana que le descontaban cada quincena para engrosar las alforjas de la susodicha.
¡Qué pinche descaro, la neta!
