Economía plateada: ¿Inclusión o upskilling de supervivencia?
(Segunda parte)
Esta es una de esas semanas de cierre, de recuentos y balances; se fue la primera mitad de un año que ha transcurrido vertiginosamente, sin tregua. En medio de esa prisa habitual, te invito a que hagamos juntos una pausa de cuatro a cinco minutos para continuar con la última parte de nuestra reflexión acerca de la generación plateada. ¿Vienes?
La última idea de la semana pasada quedó suspendida en una pregunta: ¿el criterio de la generación plateada se puede automatizar?
Evidentemente no.
La Inteligencia Artificial (IA) es una herramienta de apoyo inigualable para el procesamiento y análisis de grandes volúmenes de datos; permite la automatización de tareas repetitivas que, de otra manera, implicarían un despliegue de tiempo que es necesario para gestionar proyectos, equipos de trabajo y decisiones de un nivel estratégico, no operativo.
El criterio de las personas no se nutre de algoritmos, no deriva exclusivamente de los títulos o credenciales que se obtienen mediante el estudio, deriva de la experiencia directa en afrontar crisis en el mundo real; se construye con conocimiento sí, pero también con la intuición que incuestionablemente otorgan los años de trayectoria.
Un prompt puede redactar un informe en segundos, pero no construir un plan de contingencia ante una crisis humana imprevista, ni crear un liderazgo situacional que inspire a un equipo de trabajo que está en riesgo de desmotivarse, resolver un conflicto mediante la empatía ni construir un juicio ético o estratégico para determinar qué hacer con esos informes perfectos creados con el apoyo de la IA y tomar las mejores decisiones.
Las grandes corporaciones, las instituciones más sólidas, los derechos humanos de los que hoy gozamos, las creaciones más hermosas en el mundo, fueron edificados por la creatividad, la disciplina, el pensamiento estratégico y la resiliencia de muchas personas que hoy pertenecen a la generación plateada.
Esto nos conduce a una pregunta obligada, el mercado laboral, ¿realmente busca la inclusión de la generación plateada o mediante esta saturación de oferta de capacitación “urgente”, la está conduciendo a mimetizarse con las nuevas generaciones y perder su identidad?
Desde mi punto de vista constituiría una visión muy pesimista, señalar que cuando el mercado laboral exige que un profesional sénior use «una aplicación para cada tarea» a la velocidad Internet, no está integrando su experiencia; sino obligándolo a usar una máscara que no le pertenece.
Sin embargo, sí es cierto que reducir el valor de un profesional de 50 o 60 años a su capacidad de generar prompts rápidos en un «reto de 28 días» definitivamente sí es vaciar de contenido su verdadera ventaja competitiva.
La real inclusión no es asimilación ni mimetismo; es complementariedad.
Y ahora retomo ideas de alguno mis textos anteriores en los que he presentado una paradoja existente en nuestra era digital: mientras el mercado se deslumbra con la velocidad de la IA, lo que las organizaciones más necesitan para sobrevivir a las crisis globales es precisamente el temple, la ética y la visión a largo plazo que la generación plateada posee.
Desplazar este talento por falta de «agilidad digital operativa» sería un error estratégico costoso para las organizaciones.
Con el tiempo todo cambia, es cierto, pero por qué no pensar fuera de la caja y visualizar el upskilling como una cuestión que no nazca del miedo a la invisibilidad, sino del deseo real de potenciar lo que ya se sabe.
La tecnología puede ser vista por el profesional sénior como un catalizador, una herramienta para delegar lo rutinario y liberar tiempo para lo verdaderamente importante: la mentoría, la estrategia y el desarrollo humano de los equipos.
La combinación perfecta no es el sénior compitiendo contra las nuevas generaciones, sino el nativo digital aportando frescura técnica y el profesional maduro aportando la dirección del barco.
La apropiación de las ventajas de la IA no implica que la experiencia se rinda ante la tecnología, sino que aprenda a gobernarla.
El verdadero reto para el profesional sénior en este 2026 no es memorizar comandos rápidos, sino utilizar estas herramientas para automatizar lo mecánico y liberar el tiempo necesario para el liderazgo visionario, la mentoría y la empatía en la resolución de problemas complejos.
Al final del día, las plataformas y los algoritmos continuarán actualizándose a un ritmo acelerado, esa es su naturaleza, su ritmo, pero el valor de la trayectoria y el juicio humano seguirán siendo insustituibles, recordemos que entre las habilidades más demandadas en nuestra era, figura el pensamiento crítico, la resolución de problemas y el trabajo colaborativo.
La IA es solo el motor; el criterio continúa siendo la carta de navegación.
¿Y tú, qué piensas? Cuéntame tu opinión.
Nos leemos pronto.
