Los equipos representan. Eligen animales, colores y nombres de símbolos que ayuden a identificarlos mejor. Algunos son nacionales, estatales y municipales
La importante reunión sucede en un amplio terreno cubierto con pasto. Es un rectángulo dividido con líneas blancas para delimitar fronteras, bordes y esquinas. A los extremos, dos estructuras también rectangulares formadas por tubulares metálicos son el objetivo a alcanzar. Al interior, once personas en cada mitad defienden su lado y atacan el contrario. Solo una persona por lado puede usar sus manos para defender, por eso los guantes. Todos visten pantaloncillos cortos que serían ridículos en otro contexto; playeras, calcetas largas y llevan unos tenis con piquitos en la suela para fijar mejor sus piernas a la escena. La atención se dirige a una pelota inflada que sólo está permitido mover con los pies, por eso su nombre.
Del otro lado, millones de personas observan atentas lo que se proyecta en las pantallas planas mientras comen papas fritas, totopos con guacamole y beben cerveza o refrescos que se anuncian religiosamente durante el encuentro.
Puede haber gritos, apretones de manos y expresiones de auténtica emoción casi espontánea. Se pueden decir improperios, insultar autoridades y dirigirse a los jugadores como si fueran cercanos, con la familiaridad que permite verlos frecuentemente tras las pantallas. Ponerse la camiseta es asumirse aficionado, fanático y elegir apoyar a un equipo y no a otros, a veces por decisión, otras por casualidad y hasta quizás por herencia.
Los equipos representan. Eligen animales, colores y nombres de símbolos que ayuden a identificarlos mejor. Algunos son nacionales, estatales y municipales, como los niveles de gobierno, pero eso no impide apoyar a otros ajenos a la jurisdicción personal.
La selección nacional representa al país para intentar dominar la bola y lograr, aunque sea en el juego, superioridad frente a otras naciones. Los encuentros deportivos tienen reglas, también los conflictos entre naciones, pero regularmente son mucho menos divertidos. Para vigilar el encuentro hay jueces que llevan las riendas del juego. Visten de negro y utilizan tarjetitas de colores para amonestar según se requiera. Muchos los acusan de vendidos, parciales o injustos, como sucede con cualquier juez.
Los directores técnicos son encargados de la táctica, la estrategia y no visten pantaloncillos. Son la autoridad máxima del equipo y responsables del rendimiento operativo. Visten traje, corbata y mirada analítica. Se mantienen cada uno en su lado de la cancha, por fuerita, dando indicaciones según lo previamente planeado en los entrenamientos. A veces se cruzan de brazos y otras brincan como queriendo también meterse a jugar aquello que ya se había ensayado. A ellos se les puede atribuir buena parte de la responsabilidad cuando se pierde un partido y prescindir de sus servicios al terminar el periodo. Son la figura paterna del grupo, pero al menos están presentes mientras juegan sus chamacos.
De los once jugadores, hay delanteros, centros, defensas y el previamente mencionado portero. El juego se define entre defender y atacar. La prisa por lograr anotaciones a veces hace chocar los cuerpos; entonces, el teatro del dolor se hace presente y hay que girar sobre el pasto mientras se aprietan los ojos y se sujetan la rodilla, el brazo o alguna otra parte afectada por la invasión del espacio. Ante la duda del juez, existe la tecnología a la que se le puede consultar reconociéndose incapaz de certezas absolutas. Respete las reglas y no sea cochino, porque afuera del campo ya hay bastante de eso.
La pasión popular adquiere redondez por un momento y el sonido de un silbato indica el principio y el fin de los tiempos. Cualquiera tiene derecho a apasionarse por algo gratuito, aunque sea con comerciales. La mecánica es sencilla: respetar las reglas. Elegir un color y un símbolo, conjurar la agenda para vivir los encuentros mientras se posea un mínimo de conocimiento acerca de lo que está sucediendo.
El tiempo se detiene para quien pueda permitírselo mientras once personas en cada lado del rectángulo visten pantaloncillos y corretean una pelota rellena de aire. Nada más importa mientras sucede; que se suspendan las clases y las labores porque va a haber una importante reunión en un amplio terreno cubierto con pasto.
COLUMNA: EL SUEÑO DE LA RAZÓN
AUTOR: ISRAEL ÁLVAREZ
CABEZA: Jugar con el aire
