ZACATECAS. Gabriel encontró el deporte mucho antes de pisar una cancha profesional. Mientras otros niños crecían viendo partidos por televisión, él convivía con jugadores, entrenadores y personas que habían hecho del deporte su forma de vida.
“Siempre crecí rodeado del deporte y de gente que se dedicaba a eso de manera profesional. Es algo que llevo desde que nací”, relata el multideportista zacatecano a sus 26 años.
Su padre, quien dedicó 22 años al béisbol profesional, inculcó a “Gabo” Díaz una pasión que terminaría marcando su destino luego de que los viajes, las concentraciones y las historias de vestidor formaron parte de su infancia.
Aquella influencia paterna lo llevó a explorar distintas disciplinas deportivas desde muy pequeño. A los 12 años destacó en el handball, deporte que lo llevó a competir en una Olimpiada Nacional. Más tarde, a los 15, recibió la oportunidad de integrarse a los Saraperos de Saltillo en el béisbol profesional.
Sin embargo, el baloncesto terminaría cambiando su vida. Con apenas 18 años, el atleta de 1.94 metros fue seleccionado por Mineros de Zacatecas para integrarse a la Liga Nacional de Baloncesto Profesional (LNBP), convirtiéndose en uno de los jóvenes talentos locales que alcanzaron el máximo circuito del país.
Gabo relata que la emoción era inevitable. Había alcanzado una meta que miles de jóvenes sueñan conseguir. Pero, más allá de los partidos y los reflectores, lo que más recuerda de aquella etapa son las enseñanzas que encontró en el camino.
“Tuve compañeros que habían jugado en la NBA, seleccionados nacionales y jugadores con una amplia trayectoria deportiva. Yo quería aprender de todos”, dice emocionado.
Compartir vestidor con atletas de ese nivel, narra, le permitió conocer historias distintas, entender el sacrificio detrás del alto rendimiento y observar de cerca el compromiso que exige el profesionalismo.
Al rememorar su paso por Mineros, Gabriel no se detiene en los marcadores ni en las estadísticas. Lo que más atesora son las experiencias que acompañaron aquella etapa.
El primer entrenamiento con el equipo completo, su primer viaje como jugador profesional y el momento en que recibió su jersey son recuerdos que siguen presentes por la emoción que representaron. “Estaba emocionado. Quería platicar con todos, pero sobre todo quería jugar”.
Hoy, retirado del deporte profesional, afirma que aquellos momentos confirmaron que los años de esfuerzo habían valido la pena, al tiempo que le dejaron una reflexión que ahora comparte con las nuevas generaciones.
“Lo más importante es la educación. Puedes ser el mejor jugador de tu escuela o de tu club, pero si lo complementas con tus estudios, esos mismos estudios te pueden llevar más lejos y darte oportunidades en escuelas de primer nivel o en cualquier lugar que te propongas”.
La vida de Gabriel continúa ligada al deporte. Sigue practicando básquetbol y béisbol, mantiene sus entrenamientos y disfruta jugar, algo que considera parte de su esencia. “Me gusta seguir compitiendo. Es algo que está en mí”.
Al definir cuáles son ahora sus objetivos, afirman que están enfocados en seguir desarrollándose profesionalmente y dedicar tiempo a su familia, sin abandonar la pasión que lo ha acompañado desde niño.

