Sobre los Mineros de Zacatecas
Escribo esta colaboración porque tengo la necesidad de ello; me es preciso externar una especie de frustración del “ya merito” al que, quizás inconscientemente, el equipo de futbol de Mineros de Zacatecas nos ha llevado a varios aficionados. Pero déjame ir por partes a ver si logro transmitir la idea como aficionado al fútbol, como fan del equipo y como zacatecano.
Primero, un contexto breve (y quizás superficial para algunos): Zacatecas es futbolero sobre otros deportes. Creo que es más que notorio que en nuestro estado hay una gran afición familiar por el futbol, por encima de otros deportes tradicionales como el basquetbol y el beisbol. Eso, incluso, a pesar de que tenemos ciertos sectores geográficos que por su naturaleza o tradiciones se inclinan a estos últimos deportes y se destacan por ser aficiones de mucho conocimiento y gran pasión deportiva.
Tenemos años viviendo los torneos de regulares a buenos. Mineros nos ha acostumbrado a que cada torneo de la liga de ascenso se encuentra de mitad de tabla hacia arriba, lo que lo convierte en un equipo que tradicionalmente se encuentra en zona de clasificación a la liguilla. Incluso, ha habido torneos donde se encuentra entre los primeros cuatro equipos y como consecuencia de ello se entiende como un equipo competitivo.
El futbol une familias. A pesar de lamentables acontecimientos que hemos visto en el último año respecto de episodios violentos en algunas ligas amateur, el futbol sigue siendo el deporte y la actividad social que genera encuentros de familia y de comunidad, empezando por lo que ordinariamente conocemos como “el barrio”. En ese sentido, acudir a un juego de Mineros de Zacatecas en familia es algo que se ha tratado de construir durante varios años y cada vez permea un poco más.
Un esfuerzo de zacatecanos. El hecho de que ahora tengamos un equipo en la división de ascenso con las características que vemos en la actualidad de la vino tinto tiene que ver recientemente con un modelo de gestión empresarial que comanda una familia zacatecana y que no necesariamente tiene la mano de una administración gubernamental. Esa perspectiva, guste o no, implica una mayor exigencia y orden, pues quitar el financiamiento público como eje de esa gestión deportiva implica mayores controles y esfuerzos.
Como fan del equipo, he visto desarrollarse a jugadores con calidad. Nurse, “Memote” Martínez, Monreal, hasta Sergio Santana. Madrigal, Mazatán, Pacheco. Y varios más que se me escapan de la memoria. Y en ellos quiero encontrar el común denominador de entregarse al equipo y no servirse de él para propósitos estrictamente personales. Porque a veces se olvida que el bien colectivo es el combustible individual.
Ahora bien, permítame compartirle esto: como zacatecano, la actitud de los jugadores en muchas ocasiones no me gusta. Esa hombría estúpida de querer pelearse con alguien más, del marrullero, del dejar de correr. El quejarse y no correr el balón, el querer que todo le llegue a la mano. Lucirse, ser “estrellitas”, no va. Quizás no lo sepan, pero la actitud del equipo en los cuartos de final ante Morelia en casa, con un jugador menos, es lo que el aficionado quiere y valora. Pero son garbanzos de a libra.
Mineros de Zacatecas, en el futbol, nos hace sentirnos zacatecanos otra vez, porque a pesar de la adversidad, se trata de partirse la madre, como el campesino frijolero, el ganadero jodido, el minero de las jornadas extenuantes, la madre buscadora, el profesor comprometido en la formación, el policía limpio, el estudiante sensato. ¿Saben por qué? Porque eso significa recuperar la gloria que quizás nunca hemos tenido o no hemos sabido distinguir. Porque el triunfo de Mineros no es del joven ¿promesa? del futbol que anotó el gol, es de los zacatecanos que acudimos al estadio, que hace que valga la pena el costo del boleto, la cerveza o el refresco, las papas o hasta los cacahuates y semillas.
No es pensar en la grandeza sin querer primero lucha por eso. Algunos jugadores remedan la ley del mínimo esfuerzo que vemos en politiquillos: de la nada les llega el poder y cometen idioteces que se pagan con años de reordenar los gobiernos. Acá, el error individual aniquila el esfuerzo colectivo de un torneo, todo por saborear la anticipada y guanga fama, tan efímera como el recuerdo de los nombres de los jugadorcillos que posan y tienen actitudes de Zlatan Ibrahimović, pero con la arrogancia de la falta de experiencia y la ignorancia de no entender que ni son suecos, ni son buenos, ni el equipo depende de ellos. Reflexionen, muchachos.
Quizás habría que hacerles entender a los jóvenes promesas del futbol que nos daría mucho gusto que trascendieran, que se conviertan en seleccionados nacionales, en referencias del futbol mundial, que se fueran a Europa a algún equipo de liga premier, pero antes deben entender que no por ser jugadores son moralmente superiores por una victoria y que llamaradas de petate ya las conocemos a diestra y siniestra.
Trabajen, sean disciplinados, aprovechen la oportunidad, entréguense al equipo y a la afición, sean dignos del aplauso zacatecano, cumplan con ser honestos y humildes, enfóquense en el esfuerzo colectivo y mantengan los pies en la tierra. Sean dignos de Zacatecas.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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