Después de muchos años marcados por la incertidumbre y el temor, el estado de Zacatecas comienza a reencontrarse consigo mismo. Hoy, en sus calles, en sus plazas y en sus tradiciones se percibe un cambio más que visible, el cual es profundamente sentido por quienes habitan esa tierra. Poco a poco, el miedo que durante décadas aprisionó la vida cotidiana empieza a disiparse, dando paso a una renovada sensación de paz, tranquilidad y convivencia.
Este resultado no es casual. Se deriva de un esfuerzo sostenido por recuperar la seguridad ciudadana, proteger la vida y salvaguardar el patrimonio de las personas, valores intangibles que toda sociedad aprecia y necesita para florecer. A casi cinco años de gestión estatal, los avances son palpables tanto en la mejora de las condiciones de seguridad como en el saneamiento de las finanzas públicas y en la decisión responsable de no adquirir deuda, al tiempo que se impulsa infraestructura social en beneficio de la población. En este proceso ha sido relevante la coordinación institucional y la continuidad de estrategias en materia de seguridad, para lo cual han contribuido el gobierno estatal y el federal, de manera complementaria, a fin de generar condiciones más favorables para la ciudadanía.
Pero más allá de los indicadores, hay señales que hablan con mayor elocuencia: el regreso de la gente a los espacios públicos, la reactivación de las tradiciones y la recuperación del tejido social. La reciente Procesión del Silencio, vivida con recogimiento y respeto, así como la celebración en Jerez del Sábado de Gloria —festividad que durante años fue suspendida— son testimonio de una comunidad que vuelve a apropiarse de su identidad cultural.
A lo anterior se suma el notable éxito del Festival Cultural Zacatecas (FCZ), que ha congregado a artistas de gran prestigio y reconocimiento, para ofrecer conciertos públicos de alta calidad en escenarios emblemáticos de la ciudad. La respuesta de la gente, así como la presencia de visitantes y turistas, es significativa, y familias enteras, jóvenes y personas adultas han vuelto a disfrutar del espacio público, de la música, del arte y de la convivencia. Este renacer cultural fortalece la identidad local y además proyecta a Zacatecas como uno de los destinos más bellos y atractivos del mundo, donde la historia, la arquitectura y la vida cultural convergen de manera excepcional.
El Sábado de Gloria, por su parte, invita a la reflexión. Es un día que simboliza la transición: del dolor a la esperanza, de la oscuridad a la luz. Representa ese momento de pausa en el que la fe y la paciencia se ponen a prueba, antes del renacimiento que trae consigo la Pascua. En ese sentido, Zacatecas parece vivir su propio Sábado de Gloria: un tiempo de espera activa, donde los frutos de la paz comienzan a manifestarse, pero donde también se reconoce que el camino aún no finaliza.
La conclusión de la Semana Santa nos recuerda que toda transformación verdadera implica sacrificio, perseverancia y visión de futuro. México, como nación, también se encuentra en ese proceso. Si bien hay avances que celebrar, no deben ignorarse los retos persistentes ni las tensiones del entorno internacional que, de una u otra forma, impactan la estabilidad global.
La preocupación por los conflictos en Oriente Medio, así como las advertencias y posturas confrontativas en torno a puntos estratégicos, como el estrecho de Ormuz, nos recuerdan que la paz nunca es un estado definitivo, sino, más bien, una construcción constante. Frente a ello es necesario mantener una postura crítica, informada y comprometida con los principios de diálogo, respeto entre naciones y solución pacífica de controversias.
En contraste con esas tensiones, México tiene hoy la oportunidad de consolidar su propia ruta hacia la estabilidad interna. La experiencia de Zacatecas demuestra que es posible avanzar, incluso después de periodos prolongados de dificultad. La clave está en no bajar la guardia, en reconocer los desafíos pendientes y en fortalecer los logros alcanzados, manteniendo una conducción pública que privilegie la coordinación, la responsabilidad y el bienestar colectivo.
Hoy se respira en Zacatecas un aire distinto, de paz, de tolerancia, de esperanza. No es una paz ingenua ni definitiva, sino una que se construye día a día, con esfuerzo y con la convicción de que el bienestar colectivo es una tarea compartida. Que este momento sea más que un motivo de celebración, que también propicie la reflexión y el compromiso para seguir avanzando.
Enhorabuena para Zacatecas y para México.
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