Varios grupos políticos
Para el desempeño gubernamental, todos los hombres asignados —electos o nombrados por el Ejecutivo respectivo— debían presentar “la protesta legal”. El gobernador, el jefe político o el presidente municipal interrogaban: “¿Protestáis sin reserva alguna, guardar y hacer guardar la Constitución general, con sus adiciones y reformas, la particular del estado y demás disposiciones que de ambos códigos emanen, así como desempeñar leal y patrióticamente el empleo que se os han conferido?” tras la respuesta afirmativa, el funcionario agregaba “Si así lo hiciereis, la nación os lo premie, sino os lo demande”. Este ritual provenía de los mandatos dados en la imposición del texto de 1857. Desde entonces, fue un acto personal voluntario secularizado, el cual se prometía sin alusiones religiosas.
Hacer la protesta implicaba una adhesión tácita pública al liberalismo republicano manifestado a través de las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857 —no todo era la división Iglesia-Estado, también se expresaban nuevas formas sobre las propiedades, las contribuciones y las responsabilidades en la educación, aunado a ello estaba el permanente proceso de ciudadanización—.
Es importante señalar, en el lapso 1860-1912, hubo personas que se abstuvieron o tácitamente se negaron a jurar y manifestar lealtad y reconocimiento a las formas legales impuestas. También concurrieron los que sin ser entusiastas del liberalismo republicano juraron y siguieron su vida civil.
Los adherentes al liberalismo republicano fueron una mayoría en casi todas las localidades. Aunque hubo comunidades que se negaron a convertirse en municipalidades o formar juntas municipales, y hombres que se negaron a realizar las protestas de ley. El entusiasmo por los triunfos patrióticos, no significó la configuración de una unanimidad.
La existencia de líderes civiles y armados reconocidos, la concepción y práctica de los liberalismos y los intereses materiales regionales en la entidad provocaron la configuración de varios grupos políticos, no distantes de lo económico, incluso algunos asumieron actitudes de aristocratización y mitificación por ciertos actores políticos del pasado inmediato.
Respecto de los grupos políticos, lo fácil es citar a los federalistas sin sus respectivos liberalismos, económicos y políticos. Es rabón no mostrar el imaginario y las prácticas de los hombres de acción en la capital del país y en el estado. Es chato no advertir la recepción, las mudas de las ideas y acciones en las cuatro o cinco generaciones que gobernaron la entidad, de 1823 a 1900.
De García Rojas —equipado con Manuel González Cosío, Marcos de Esparza y Valentín Gómez Farías—; pasando por Victoriano Zamora, Agustín López de Nava y Gabriel García Elías —Severo Cosío, los hermanos de la Parra, Julio Márquez, José María Echeverría—; Trinidad García de la Cadena y Jesús Aréchiga —Trinidad García, José María Castañeda, Benito Garza y Tomás Lorck Ávila—.
Y los no emplazados como parte de la clase política, aunque tuvieron una influencia efectiva, como José María Bracho, Santiago Ruiz de Villegas, Teodosio Lares, Miguel Auza, Manuel González Cosío y Rafael Ceniceros Villareal.
Las redes familiares de ellos y sus prosélitos notaremos que la política tuvo como actores discretos los convenios matrimoniales, los tratos económicos en las herencias y el subvertir del republicanismo popular por una forma excluyente en la política. No es sólo a nivel estatal, regional, sino también en las localidades.
Las divisiones se manifestaron en la proliferación de periódicos, sociabilidades letradas, asociaciones políticas, mutualistas, espacios de convivencia popular y clubes “aristocráticos” —estos excluían, solo aceptaban a quienes, además de pagar la membresía, les reconocían económica y socialmente—. No ignorar las alianzas en empresas de inversión minera y comercial, tampoco los convenios matrimoniales.
Desde 1886, hasta 1900, se mantuvo una estabilidad en los márgenes del formado sistema político. El líder nacional casi indiscutido era el presidente Porfirio Díaz. En la entidad estaba Jesús Aréchiga, quien contaba con contrapesos legales y políticos en los poderes Legislativo y Judicial —en ambas instancias, ya lo mostramos, había delegados de los grupos políticos reconocidos: de García de la Cadena, los de Auza-González Cosío, los arechiguistas—.
En 1900 hubo reacomodo y fueron desplazados los arechiguistas. El grupo del gobernador Genaro G. García fue colocando a prosélitos identificados como herederos de Miguel Auza (1822-1892) y Manuel González Cosío (1836-1913), éste a la sazón secretario de Gobernación en el gabinete del general Díaz.
Posdata
El domingo, abril 26, es el Día Internacional del Libro. Es una propuesta de la UNESCO. Le propongo adquirir y leer La sabiduría del corazón, una biografía sobre Ramón López Velarde. Está publicado por Debate. Su autor es el crítico literario veracruzano Pablo Sol Mora (un ensayista velardeano de buena cepa).
