Una Mirada Empática que humaniza el proceso de Justicia.
Desde niña siempre soñé con ser científica, probablemente ni siquiera sabía qué significaba en ese momento, o la responsabilidad que cargan las mujeres en las ciencias forenses; sin embargo, no podría sentirme más orgullosa de lo que he logrado de manera profesional, y debo confesar que en algún punto de mi carrera como Q.F.B., me pregunté “¿Y si la ciencia no es para mí?”, pero hoy reafirmo que la ciencia pertenece a quienes se atreven a preguntar, a quienes se atreven a intentar, y a quienes nunca dejan de soñar que la ciencia puede cambiar el mundo.
Nos dijeron que la lógica estaba peleada con el sentimentalismo, que para ser científicas no deberíamos sentir tanto, pero nosotras, las mujeres, debemos estar orgullosas de tener la capacidad de sentir de una manera tan profunda, tanto que le ponemos corazón, conocimiento y la capacidad a todo lo que hacemos. En la actualidad, me enorgullece decir que, en el laboratorio de Genética Forense de la Dirección General de Servicios Periciales, que es uno de los más importantes en el estado, todas las peritos que conformamos dicho laboratorio somos mujeres.
Mujeres de ciencia que no se detienen ante las adversidades, que siempre buscan una forma de dar tranquilidad a la ciudadanía, para esclarecer hechos, mujeres que somos la voz de otras mujeres que han sido violentadas de diversas maneras y buscamos la justicia para ellas y para todos, somos madres de familia, hijas, hermanas; mujeres con responsabilidades y labores externas que dan todo por su trabajo; y no, ser mujer de ciencia no es poder con todo, es abrirnos camino en un mundo donde hace años sólo se mencionaban nombres de hombres.
Estoy agradecida de rodearme de personas que me impulsaron a seguir mis sueños, agradecida de que mis padres jamás me dijeron que no podría ser científica, sino que, debía intentarlo hasta que lo lograra. Como mujer en la ciencia, puedo decir que jamás dejes de cuestionarte, investigar y, sobre todo, que jamás, dejes de soñar que el mundo puede ser mejor… La próxima gran mujer en la ciencia forense, podrías ser tú.
Q.F.B. Ruth María Del Río Ángel.

Durante muchos años se afirmó que la criminalística de campo era un espacio exclusivo para hombres. Se pensaba que la rudeza del entorno, la complejidad de los lugares de intervención y la exigencia física, mental y emocional eran incompatibles con la sensibilidad femenina. Sin embargo, la historia cambia cuando las mujeres decidimos prepararnos, persistir y ocupar con determinación los lugares que antes nos fueron negados.
Mi nombre es Flor Murillo y soy una de las primeras mujeres en desempeñarme como perito criminalista de campo en el estado de Zacatecas. Junto a cinco compañeras y 18 compañeros, ejerzo con orgullo una profesión que no solo elegí, sino que amo profundamente. En el marco del Día Internacional de la Mujer, mi testimonio representa el avance de muchas mujeres que hoy abren camino en ámbitos tradicionalmente masculinizados.
Ser perito de campo implica jornadas interminables, noches sin dormir, horas sin comer y ausencias en momentos familiares importantes. Significa colocarse el traje de bioseguridad y asumir, con entereza, la responsabilidad de trabajar en escenarios complejos y dolorosos. Pero también exige algo fundamental: preparación constante.
La criminalística demanda profesionalización permanente, especialización, actualización científica y una ética inquebrantable. Nuestro trabajo no es solo recolectar indicios; es aplicar método, análisis y rigor técnico para reconstruir hechos con precisión y objetividad.
Aunque la brecha entre hombres y mujeres aún es notable, cada vez somos más quienes demostramos que la capacidad no tiene género. Las mujeres aportamos disciplina, exactitud y fortaleza, pero también una mirada empática que humaniza el proceso y fortalece el trabajo en equipo. Sensibilidad y ciencia no son opuestos; son complementos indispensables.
Cada intervención representa una historia interrumpida, una familia que espera respuestas, una verdad que necesita ser esclarecida o una vida que cambió para siempre. Nuestra labor es dar voz a quienes ya no pueden hablar y traducir en lenguaje científico lo que los indicios revelan.
En este Día Internacional de la Mujer, reafirmo que nuestra sensibilidad no es debilidad, es fortaleza. Sentir y aun así cumplir con profesionalismo es valentía. Hoy, la ciencia forense también tiene rostro de mujer y seguimos construyendo justicia con pasión, humanidad y compromiso.
Flor del Carmen Murillo Villa.
*Columna colectiva de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE)
**Servicios Periciales de la FGJEZ
