Parqueados
Un espacio público es un lugar destinado a la interacción social, a la recreación y a la satisfacción de actividades colectivas. Una actividad es colectiva cuando se realiza por un conjunto de personas para satisfacer alguna necesidad que tienen en común. Común es lo que es de varios y no nomás de una sola persona.
Una persona es un individuo o individua que, aunque pertenece a un público colectivo, es única, distinguible e irrepetible y a veces va a lugares que, aunque no sean específicamente de alguien, son de todos esos que juntos se llaman público.
Aunque lo público es de todos, no todos lo usan. Los parques son lugares públicos que la gente usa cada vez que quiere o cada vez que puede y cuando, por supuesto, no se necesite urgentemente estar en algún otro lugar.
A los parques se va a pasear a los niños, a las bestias o a lo bestia y niño que todavía se lleva en sí mismo. También se puede ir a no hacer nada, porque los parques son lugares destinados precisamente para estar cuando no se necesita hacer algo o estar en algún lado.
En los parques se puede caminar, trotar o andar en bicicleta recorriendo trayectos como si no tuvieran final. Son espacios públicos destinados a respirar, ser y estar, exactamente lo mismo que se hace en cualquier otro lugar, pero que no puede hacerse tan bien como ahí.
Los parques están destinados al ocio, es decir, al tiempo libre de obligaciones laborales, escolares o domésticas, aunque ya estando ahí se platique de eso nomás.
En los parques se puede convivir con la salvaje naturaleza que queda en la ciudad, pero es mejor ir con cachucha, bloqueador y tenis porque lo que queda de naturaleza todavía no sabe muy bien cómo convivir con la delicada humanidad.
Los parques son como jardines gigantes cuyos jardineros son trabajadores que paga el Estado con los impuestos de todos los que, queriendo o no, aportan a la causa. Alguien trabaja ahí para que todos los demás sientan que dejan de trabajar.
La naturaleza de los parques es bonita porque se riega, se poda y se limpia. Al parecer, para el bello público, incluso lo natural luce mejor con un toque artificial. En los parques hay naturaleza domesticada al alcance de la mano: hay tierra, pasto y todo el exterior que se ocupe cuando ya cansaron las paredes.
A los parques se puede acudir a mover piernas, brazos y en general todo el cuerpo para que no se olvide que se trae puesto. Se pueden usar tenis, mochilas y cangureras para guardar todo lo que se puede necesitar cuando parece que no se necesita nada.
En los parques hay árboles dando sombra que se alimentan de la tierra y del agua que alguna vez vivió en otras formas que también buscaron sombra bajo algún árbol. La gente necesita los parques para quemar las calorías que siente que no necesita.
En los parques es posible encontrarse con pares de enamorados, pero es mucho más posible toparse con muchos desenamorados en versión individual. A los parques se puede acudir a querer, aunque sea a sí mismo.
Irónicamente, la idea de parque tiene que ver con delimitar o cercar un espacio. Los espacios abiertos también se delimitan para que no ande muy suelta la conciencia colectiva. Parquearse es detenerse entre paréntesis hasta que algo más importante suceda. Hay parques urbanos, industriales o de artillería y casi siempre son espacios abiertos destinados a contener todo lo que no puede contenerse entre paredes.
Los parques en las ciudades son museos de lo que había antes de que estuvieran para que no se olvide lo que habrá una vez que se hayan ido. Son buenos lugares para contemplar todo lo que se ha podido domesticar, como los perros, las plantas y la sensación del exterior que de tanto urbanizarla, corre el riesgo de olvidarse.
Son espacios destinados a lo público, a lo común y a lo colectivo para ser y estar, siempre y cuando, por supuesto, no se necesite urgentemente estar en algún otro lugar.
