CAÑITAS DE FELIPE PESCADOR. Entre aplausos, música y llanto, familiares, amigos y su pueblo natal dieron el último adiós a José Ángel Hernández Vélez, uno de los diez mineros reportado como desaparecido el 23 de enero y localizado el 6 de febrero sin vida al interior de una fosa clandestina en El Verde, Concordia, Sinaloa.
El cuerpo del joven minero llegó a su tierra natal la noche del lunes y fue velado en lo que fuera su domicilio, donde se apilaron flores y veladoras, para este martes llevarlo a lo que será su última morada, el panteón de la cabecera municipal.
Sepultado al lado de su madre, abuelos y su tía, su familia hizo hincapié en qué no estaría sólo y que su madre ya lo esperaba en el otro plano, «en el reino de Dios» decían con la voz entrecortada por el dolor y el sufrimiento de la pérdida.
El Junior, como lo conocía la gente por llevar el mismo nombre que su padre, el médico del pueblo, fue despedido desde su hogar con música de mariachi para recorrer las principales calles rumbo a la iglesia.
A su paso por la secundaria Francisco García Salinas y el Colegio Margil, sus maestros y estudiantes formaron una valla e hicieron el último pase de lista, para luego seguir el cortejo fúnebre.
Al recibir a José Ángel y sus deudos en la iglesia de nuestra señora de San Juan de los Lagos, el párroco dijo que esta pérdida había clavado una daga en el corazón del pueblo de Cañitas, pero que con el infinito amor de Dios pedía por la pronta resignación de la familia del minero y la justicia divina.
Al salir del templo sonaron los tambores, la banda de guerra de la preparatoria encabezó la procesión fúnebre que seguía al ataúd, que era cargado en hombros por los hermanos y amigos.
Mientras que el cortejo fúnebre recorría las calles camino al panteón, las personas salían de sus hogares, negocios y centros de trabajo para despedir al hijo mayor de la familia Hernández Velez
La banda no dejó de tocar desde la salida de la parroquia hasta el camposanto. La melodía del Muchacho Alegre, su canción favorita, sonó más de una vez, mientras entre los asistentes al funeral se referían al minero de 37 años como un hombre de bien, responsable, trabajador y muy noble.
De los asistentes al funeral, en su mayoría madres de familia, coincidieron en sentir miedo de que sus seres queridos salgan de Cañitas, por falta de oportunidades, para buscar el sustento y regresen en un ataúd como José Ángel, quien tenía 11 meses trabajando en Concordia Sinaloa, para la empresa minera canadiense Vizsla Silver Corp, cuando el pasado 23 de enero fue privado de la libertad junto con otros nueve compañeros y después de la vida.
En el cementerio, antes de darle sepultura, la familia de José Ángel reprodujo dos canciones que le hicieron en homenaje al ingeniero, en cuyas letras se destacaban sus cualidades, así como el sentimiento de temor y sed de justicia.
El señor José Ángel agradeció todo el respaldo y muestras de cariño que mostró el pueblo de Cañitas hacia él y su familia; y recordó el peregrinaje de ir, junto con su nuera, a buscar a su hijo a Sinaloa después de que desapareciera. Aunque que el hallazgo no fue como lo esperaban, habló del consuelo de tenerlo de regreso en su pueblo y sepultarlo junto a su madre, abuelos y parientes. “No vas a estar solo hijo”.

