El “progreso” es inexistente, sin educación de excelencia
Todo proyecto de “progreso” social para concretarlo y no culmine en barbarie, tendrá que considerar al menos cuatro factores esenciales como lo son la promoción de la ciencia, educación de excelencia, el respeto al derecho y los valores éticos, aderezados todos estos componentes, por el uso de la razón.
Así lo estableció Francis Bacon (1561/1626), el filósofo inglés padre del empirismo, quien le dio sustancia y significado al uso del concepto de “progreso”, en la era moderna.
En el caso de Zacatecas, la Agenda del Progreso para que tenga éxito deberá contemplar esos elementos que a través de la historia se convirtieron en los motores de la prosperidad de toda sociedad y que han sido argumentados con racionalidad por la mayoría de los filósofos y pensadores de reconocimiento universal.
Cómo conciliar entonces la idea de progreso en una sociedad como la zacatecana, la que en el 2025 registró un año sin aulas y sin escuelas, en razón de que, por conflictos magisteriales no procesados con eficiencia por la autoridad, se perdieron casi el 45 por ciento de los días del calendario escolar, fenómeno que afectó a miles de alumnos y alumnas, en su formación. En el 2026 prevalecen estas amenazas.
Es incuestionable que las políticas públicas en materia de impulso al progreso tendrán que contemplar acciones para poner orden en la agenda educativa de Zacatecas.
Thomas Hobbes (1588/1679), considerado el precursor del contractualismo moderno, planteó que toda agenda de promoción del progreso puede convertirse en una salida racional frente al caos y la destrucción de una sociedad.
El filósofo francés, Juan Jacobo Rousseau (1712/1778) sentenció que “el progreso por sí solo no hace al ser humano y a las sociedades mejores e incluso las puede conducir al envilecimiento y aumentar la desigualdad social”. Se requiere poner adicionalmente a las acciones políticas, sentido ético y moral.
Lo anterior significa que, en estricto sentido, a la idea de progreso, hay que definirle qué tipo, hacia dónde, “progreso” para quién, sí es sólo para unos o para todos y en qué tiempo y espacio se logrará el objetivo. De lo contrario, todo proyecto al respecto pudiera caer en la dimensión de lo irracional y absurdo.
Pero hay un elemento adicional. El filósofo alemán Federico Hegel (1770/1831) afirmó que el impulso a la idea de progreso, hay que conducirla por la ruta que concrete “la igualdad de derechos” para todos los integrantes de una sociedad. El respeto a la Ley es, por lo tanto, esencial en la construcción de la prosperidad de un pueblo.
Para Emilio Durkheim (1858/1917), considerado uno de los padres de la sociología, el “progreso” tiene que traducirse en aumento de la felicidad individual y colectiva, así como en la consolidación de los niveles de solidaridad entre los miembros de una comunidad.
Contrario a este último, Walter Benjamín (1892/1940), dijo que el progreso a menudo formula ocultamente la idea de barbarie, simulación y destrucción, y más cuando esté ausente la dosis de ética y moral en los políticos.
Tal vez como pocos, hay que recuperar hoy las propuestas de Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998, quien ha dicho que al progreso hay que asociarlo con la necesidad de construir espacios de libertad y dignidad para el ser humano.
Por eso, en la agenda para convertir al 2026 en “Año del Progreso”, menester es hacer a la propuesta precisiones de carácter ético, para que la idea no culmine en barbarie y degradación colectiva.
EL MITO DE SÍSIFO Y LA TRAGEDIA DEL PROGRESO
Sísifo es el personaje de la mitología griega condenado eternamente a subir una roca a la cima de una montaña y nunca lograrlo, aun cuando esté a punto de hacerlo, como castigo a su osadía de engañar al dios de a muerte, Tánatos.
Albert Camus en su obra El Mito de Sísifo (1942), un libro de la literatura del absurdo, describe magistralmente al personaje que hace trabajo inútil, sin resultados positivos.
Sísifo bien representa a los políticos simuladores que engañan al pueblo. Esa analogía presentada, con intelectualismo simplón, en el evento para denominar 2026 año del progreso, fue sin duda, una iniciativa absurda como innecesaria.
