No habrá revolución
El periódico El Correo de Zacatecas tituló la nota principal, de la edición del domingo 20 de noviembre de 1910, con el enunciado “No habrá revolución”. No recuerdo, lo leí hace más de 10 años en el Archivo General de la Nación, si el cabezal tenía signos de admiración o interrogación.
El anuncio era ese: no había rebelión en la entidad. El Diario de la Federación expresó el 23 de noviembre que los brotes rebeldes eran “sin trascendencia con la paz y el orden público”. El impreso oficial consideró que las noticias sobre la entidad eran falsas y poco serias.
Ocurrió así, porque una parte de los antirreeleccionistas fueron detenidos en las vísperas del sábado. Uno de los delatores fue un prosélito desleal. Francisco I. Madero, confiado en que la región de Juchipila y Tlaltenango de Sánchez Román estaba alzada, soltó el bulo a la prensa estadounidense.
La ruina de la asonada ocurrió porque los dirigentes J. Guadalupe González y Manuel Caloca escaparon. Lo hicieron para esconderse de la persecución gubernamental. Enrique García de la Cadena, otro de los involucrados, ni siquiera se acercó la región. Este joven de estirpe levantisca acudió para profesar su adhesión a la revuelta hasta Garden Street, donde vivía Madero. El zacatecano fue a principios de noviembre.
En esos días, Madero le propuso a Roque Estrada viajar al estado para unirse a la revuelta. Pero, escéptico como era el abogado zacatecano, se negó. Sin duda, el hecho fue significativo para estos dos individuos que se manejaban en diferentes polos ideológicos. En el acto, Estrada no respondió oralmente, solo miró al líder antirreeleccionista.
Imaginemos el gesto de quien se consideraba un intelectual que habló de justicia y democracia en cada mitin electoral. Con una expresión facial se manifestó por la negativa. Quizá el gesto fue fulminante, tanto que Madero, obligado por el silencio de su orador, le expresó que ya vería en qué otras tareas lo ocuparían.
El 20 de noviembre no hubo balazos maderistas en la región central del estado. Pero atenuemos, Eulalio Gutiérrez sí se rebeló en Concepción del Oro.
OTROS DATOS
El miércoles 30 de noviembre de 1910, el Periódico Oficial del gobierno del estado de Zacatecas insertó un par de textos que extrajo del Diario Oficial de la Federación. Eran una trascripción de lo que apareció una semana atrás. Los datos provenían de Puebla, Veracruz, Torreón, Guanajuato y de la Huasteca. Con la publicación se procuraba minimizar la sedición maderista.
El párrafo que cita a la entidad dice: “Las demás noticias de trastornos, que algunos periódicos alarmistas han circulado, son completamente falsas. Se ha asegurado, por ejemplo, que ocurrieron levantamientos en Zacatecas y, sin embargo, en dicho estado no ha habido nada que altere el orden y perturbe la Paz”. Sí, paz con mayúscula.
Pese a la nota del impreso federal, el 26 de noviembre las autoridades de la capital del estado solicitaron a los expendedores de armas y pólvora, un informe mensual y finamente pormenorizado de los compradores de esos enseres.
El mismo día, el gobernador Francisco de P. Zárate ordenó a los jefes políticos que tomaran “las medidas más oportunas para garantizar la seguridad”. La indicación la hizo admitiendo una cierta alteración política.
Pero no imagine a la autoridad en una neurótica actitud de persecución y control. El 1 de diciembre el ayuntamiento de la capital concedió más de cinco permisos para instalar mesas de billar en las cantinas de la ciudad.
Aquí es posible prever que las concesiones proyectan una baja acción prohibicionista y el reconocimiento de que no todas las sociabilidades de esparcimiento fomentan la crítica densa al régimen.
Si admitimos que lo ordinario supone la paradoja de adivinar lo que vendrá; consideremos que junto a la revuelta está lo cotidiano. Ante los datos antecedentes está un acto que no debe menospreciarse para apreciar que Zacatecas fue una tierra árida para la revolución.
El 11 de diciembre de 1910, los integrantes de la asociación Obreros Libres se reunieron en sesión extraordinaria para transitar de una sociedad mutualista a una mutuo-cooperativa. La jornada inició a las 20:15 horas. Antonio Chávez Ramírez dirigió las deliberaciones. Chávez era un reconocido intermediario político. Como regidor fue el más entusiasta en los festejos del centenario del natalicio de Benito Juárez. Su asociación planteó la imposición del nombre a la calle de los Insurgentes, en 1910. Ese mismo año estuvo en el comité de bienvenida a Francisco I. Madero y Roque Estrada, en marzo. Pero en diciembre, él está reorganizando una asociación.
