Andar, sin pedir permiso
Los libros son testimonio de la temporada de cuando fue redactado, publicado y adquirido. En todos los casos, los libros son medios del mensaje y la intención del escritor; igualmente son una distinguida parte del tipo de consumo de los lectores.
Menciono lo anterior para referir mi lectura voluntaria de Vivir sin pedir permiso, de Cuauhtémoc Calderón Galván [2025, Editorial Texere]. El libro fue presentado ayer en Casa del Cobre Huitzila. Lo comentaron los influyentes periodistas Verónica Trujillo, Francisco Esparza y Enrique Laviada. El impreso es una evidencia de qué, cómo y dónde circulan los textos de nuestros días en Zacatecas.
Cuauhtémoc Calderón tiene trayectoria como empresario, político y ahora como marchante y analista del espacio público político —desde hace meses publicó notas acuciosas sobre la situación económica y la gobernabilidad de la entidad—. Ahora presenta un manifiesto personal (independencia, autonomía y voluntad): Vivir sin pedir permiso.
El libro es el testimonio de un personaje público. No es la autobiografía de los éxitos o las derrotas, sino el testimonio que da cuenta cómo es el estilo de los políticos-familia-partidos locales. Con diferentes claves muestra como un outsider entra a la competencia política local; como funcionan la política y los políticos. Lo interesante es que es lo dice quien estuvo ante pistas distintas: lo nacional era el panismo, lo estatal formal era el perredismo, lo informal era la formación de cacicazgos.
El libro no es para debatir, dogmatizar o anatemizar, sino para dialogar con civilidad sobre andar, de “vivir sin pedir permiso”. Lo de la política y lo político es lo evidente. Lo de fondo es la escritura que libera, la que quiere contar el andar de una persona opositora a las ideologías totalitarias, los grupos y las familias viejas de Zacatecas.
El encuentro de los derrotados
El licenciado J. Guadalupe González —el diputado antirreeleccionista triunfador de Juchipila-Nochistlán, pero excluido del Congreso— está en San Luis Potosí, en septiembre de 1910. Llegó el martes 13. Fue para encontrarse con Francisco I. Madero, quien todavía es candidato presidencial. El Congreso no ha calificado la elección y no declara quién es el ganador de los comicios.
El encuentro pudo ser en la casa Meade, la cual rentaba Madero; o en el hotel Sáinz, donde se reúne con sus prosélitos potosinos. El grupo tiene como líder al doctor Rafael Cepeda. Éste era un masón iniciado en Saltillo y se regularizó en San Luis.
A Madero le agradó González. Lo calificó de amigo. En la conversación que sostuvieron, es notorio que platicaron sobre la manifestación del domingo 11, en la capital del país. El zacatecano le contó que fue prohibida por las autoridades del Distrito Federal. Esto provocó que los asistentes cometieran actos violentos que expresaban descontento social. Incluso quebraron vidrios de la casa del general Porfirio Díaz y gritaron “muera el tirano”.
Es evidente que abordaron la exclusión de González de la Cámara de diputados y de la derrota de la vía electoral, con la cual ambos creían ser parte importante del sistema político mexicano.
En la reunión, el diputado le entregó una carta. Considero que esta misiva expresa el inicio de la precuela organizativa del levantamiento armado de noviembre. El texto es de Federico González Garza, uno de los dirigentes nacionales del Partido Antirreeleecionista y leal a Madero. En la misiva le relata las desavenencias con el sector maderista que plantea la negociación con el régimen.
Guadalupe González volvió a la capital del país, desde San Luis. Llevó la respuesta a esa carta y otra para el ingeniero Manuel Urquidi. En ambos textos, Madero lo colocó como el mensajero y portavoz para la hoja de ruta que seguía: mantener unido al antirreeleccionismo; proyectar otra etapa del movimiento a través de una mayor beligerancia en la prensa; y, “desorientar a las altas esferas”.
Estos datos contribuyen para imaginar que Madero proyectó la fase armada tras el encuentro con González. El leader ideó la lucha al aceptar que había agotamiento en el régimen político.
Madero consintió entonces las propuestas sediciosas de Gustavo Madero y del médico Cepeda, quienes plantearon el levantamiento armado en julio de 1910. Es previsible que aceptaran que la vía electoral no era el mecanismo idóneo para la rotación de los grupos que deseaban el impulso de un proyecto político distinto al imperante.
Posdata
Sigue planear el levantamiento armado, huir a Estados Unidos e iniciar la rebelión, lo que será la revolución. En ello está incluido Roque Estrada Reynoso, “el positivista sincero”.
