El Camba
“A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder”. (Eduardo Galeano)
Pues resulta que muchas personas en las redes, estallaron contra una familia de pedigüeños, en San Luis Potosí, aparecieron muy sonrientes y felices, porque se mercaron una camioneta de agencia, lista para la chamba.
Así es mis estimados feligreses, estos maravillosos sujetos, que se encuentran en todos los semáforos, alcanzaron a juntar una buena feria para andar en cuatro llantas y así evitar los arrempujones y malos tratos de los autobuses, donde suele trasladarse la chusma.
Bueno, ahora resulta que ni siquiera la Familia Burrón tuvo la oportunidad de comprarse una nave, para que Don Regino pudiera trasladarse, a la colonia Terregales, para abrir su famosa peluquería Los Rizos de Oro. Ya veo a Doña Borola ir al mercado con su hija Macuca a comprar jitomates pachichos, cilantro de segunda y ejotes, para hacer su suculenta comida.
Pero los milagros existen y esta familia de pordioseros puede contar a sus cuatachos que, merecidamente, tienen un auto del año. Ahora podrán llegar a su casa de cartón y lámina sin andar sufriendo, como clase obrera, en medios de transporte tan chafas.
Esta situación abrió el debate en las benditas redes sobre la explotación de los menores. Sí, aquellos escuincles que se paran en los semáforos a pedirte una limosnita, ya sea en su aspecto natural o pintados de payasito. Pueden hacer piruetas o nada más acercarse a tu vehículo con un vaso de plástico para que le caigas con una lana, porque quieren para un taco. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), algunas personas dedicadas en cuerpo y alma al sagrado ejercicio de pedir limosna pueden obtener hasta 30 mil pelucones al mes, más de lo que gana un godín en secretarías estatales.
Y, estoy convencido, que, si alguno de mis cuadernos que leen esta columnilla, estarán a punto de jubilarse, para acantonarse en algún semáforo de la colonial ciudad, para que le caigan con la coperacha, porque es más lo que se gana en un mes, libre de impuestos, que andar haciendo panchos en los cajeros del Bienestar por unos cuantos pesillos que el sacrosanto gobierno nos dispensa en el nombre del padre. O sea, también hay mucha banda que anda buscando al gobierno para que le caiga con la limosna del Bienestar, porque primero los pobres.
Pero es por demás obvio, que hay mucha gente que sí ocupa ser apoyada por instituciones sociales, mediante programas educativos, sanitarios y de reinserción a través de actividades productivas. Pero en la ciudad de los palacios, habita un gobierno que no ha elaborado estos programas, o al menos que no conozco o que no han funcionado.
No es tan complejo que, con mucha imaginación, se construyan escenarios óptimos, para que mucha gente en situación de calle, asista a instalaciones para formarse escolarmente, que conozcan programas de sanidad, que aprendan oficios, para que a partir de ahí puedan incorporarse en colectivos para ofrecer sus productos a empresas.
No basta con comiditas o cenitas de caridad, donde la burguesía degusta platillos exóticos de a miles de pesos, para juntar una lana a proyectos de CARIDAD. Nel mis cuates, eso es una misericordia mal entendida.
En este país existen miles de médicos y maestros que se pueden incorporar a grandes cruzadas contra el analfabetismo y las enfermedades de siglos pasados. Igual que ingenieros, arquitectos, analistas de sistemas y veterinarios que pueden contribuir con proyectos para incorporar a mucha gente al trabajo productivo.
La meta es el trabajo colectivo. ¿Es muy difícil? No, pareciera que la solución más fácil son los programas asistenciales, electoreros y chafas. Digo.
