Título: Transformaciones urbanas del siglo 20
(Parte 2)
La semana pasada hablé brevemente sobre las transformaciones urbanas que tuvieron lugar en la década de los 40 en la ciudad de Zacatecas. Mencioné que comenzó a fraguarse una especie de conciencia patrimonial y puesta en valor del Centro Histórico, aspecto que se tradujo en mejoras en ciertas zonas y políticas de conservación muy concretas.
En esta época, la inauguración de la carretera Panamericana puso en la mira de las autoridades estatales la oportunidad que tenía Zacatecas de posicionarse como un destino turístico de primera opción y en ese contexto iniciaron diversas campañas turísticas que intentaban mostrar las particularidades de su fisionomía y su riqueza histórica.
En 1965 se fundó la Sociedad de Amigos de Zacatecas, un organismo que precedió a la actual Junta de Monumentos y que, para la época, ya llevaba un buen tiempo fungiendo como gestor del patrimonio cultural del estado.
Como se mencionó anteriormente, fueron sus mismos integrantes quienes impulsaron la promulgación de la Ley de Protección y Conservación de Monumentos y Edificios del Estado de Zacatecas de 1953.
Para la década de los 60 se consideró renovar la legislación y en 1965 se promulgó, bajo decreto de la Legislatura local, la Ley de Protección y Conservación de Monumentos y Zonas Típicas, una actualización a la promulgada más de 10 años después que incluía esos espacios denominados “zonas típicas” a las que se les daba un valor estético, histórico o tradicional.
Lo anterior es importante porque se vincula a una noción de patrimonio que excede la perspectiva formal o estética, incluyendo nociones como lo típico, en su acepción de representativo o peculiar, aspecto que no había tenido en cuenta la ley de 1953.
Tanto la juridificación de la protección del patrimonio local, así como la fundación de la Junta de Monumentos, se tradujeron en un activo programa de rehabilitación de los principales ejemplos de arquitectura virreinal, lo que finalmente derivó en un completo proyecto de renovación urbanística que intentó devolver a la ciudad “su imagen original” a través de un proceso de limpieza y eliminación de aquello que discordara con la apariencia histórica/colonial.
En febrero de 1965 se realizaron varias obras de restauración en la Catedral: se cambió y sustituyó la cantera en mal estado de plintos, fustes, capiteles y sillares; se reemplazó el piso de madera por uno de mármol veteado y se dispuso una modernización de su interior que incluyó también la extracción de pinturas murales del siglo 19 que adornaban las naves laterales.
De igual manera se remozó el Mercado González Ortega en un intento de volver a darle su apariencia originaria, pues al igual que hace poco, se proyectó la reconstrucción del segundo piso perdido en el famoso incendio de 1901.
Para ese año también se trabajaba en las obras de limpieza de la fachada lateral del ex templo de San Agustín, un plan que había iniciado años antes con la recuperación total del complejo conventual. Para ello se proyectó demoler todas las fincas situadas en el sur del callejón de San Agustín que eran utilizadas como vecindad, dejando una zona baldía que por varios años funcionó como estacionamiento hasta que se construyó la actual sede del poder Legislativo.
Asimismo, se trasladó la fachada principal de la casa grande de la antigua Hacienda de San Mateo de Valparaíso para situarla en lo que sería la nueva sede de la Unión Ganadera Regional del Estado de Zacatecas a un costado de la Alameda, cuya construcción inició en el mismo año.
Entre otras rehabilitaciones que buscaban armonizar el lenguaje arquitectónico con el imaginario de ciudad colonial se encontró la supresión de la fachada Art Decó del Banco Mercantil de Zacatecas, la reconstrucción en estilo neo colonial del edificio María Luisa (hoy Banco Azteca en Avenida Hidalgo), los edificios de Telégrafos, Banamex, entre otros, así como las fuentes de Plaza de Armas, de los Conquistadores y de los Faroles.
Las renovaciones se enclavaban en una narrativa más ambiciosa impulsada desde el poder ejecutivo local, con el objeto de posicionar a Zacatecas como una ciudad “acogedora al turismo nacional y extranjero”, como lo expresó José Rodríguez Elías en su tercer informe de gobierno.
A través de este programa se mejoraron varios aspectos de los servicios públicos y se construyó el anillo periférico que rodeó el centro histórico con una motivación puramente turística; la idea era que, a través del mismo, los visitantes pudieran tener una vista panorámica de la ciudad y un acceso directo al centro.
*Maestra en Estética y Arte
