La trinca de la desgracia en el gobernante: huevón, pendejo y necio
No me haga mucho caso, estimado lector de estos Asuntos Públicos, pero hay quienes, en determinados espacios o círculos de discusión, no dejamos pasar la oportunidad de opinar por opinar y decir cosas que, en algún momento, sirven para desarrollar discusiones más profundas u opiniones más analíticas respecto a determinados tópicos relacionados con la vida gubernamental.
Una de esas cosas opinadas recientemente tuvo que ver con las características personales positivas o negativas que puede tener alguien que aspira a gobernar o que ya ejerce determinada responsabilidad.
En la discusión, hablamos de actitudes y aptitudes buenas de los políticos (llamémosles así) y, de ello, nos pasamos a las negativas.
Mis compañeros de discusión y un servidor, haciendo uso de nuestra creatividad, pero sobre todo, ya de nuestra preocupación en un plano de ejercicio de poder sin controles, nos dimos a la tarea de tratar de encontrar aquellas características nocivas que podría tener alguien que tiene la responsabilidad de conducir las labores de los poderes ejecutivos en los distintos ámbitos de gobierno. Y el resultado fue preocupante.
La decisión, en determinado momento, no fue complicada. El combo del mal, la trinca de la desgracia en el gobernante desde nuestro punto de viste fue ser huevón, pendejo y necio. Mire:
Por “huevón”, debemos remitirnos a lo que señala el Diccionario del español de México que durante ya algunos años ha trabajado el Colegio de México a través del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios. Según el sitio web consultado, la definición señala “huevón adj. y s(Groser) Que es flojo; haragán: ‘¡No seas huevón, ya ponte a trabajar!’, ‘Va de huevona por la vida, sonriéndole a todo el mundo’”. Haragán, sinónimo de perezoso. En consecuencia, interpretamos que cuando un político es huevón, digamos que es alérgico al trabajo.
Y si eso sucede, tendremos problemas, porque las necesidades públicas nunca paran y siempre hay algo que hacer. Siempre. Las agendas de gobierno demandan mucho trabajo, mucho tiempo y mucha capacidad de síntesis y de organización. Pero lo que no se puede hacer es echar la hueva.
La segunda característica negativa, coincidimos, es ser pendejo. “pendejo adj. y s (Groser). 1 Que es tonto en extremo, que resulta despreciable: “No seas hablador, pendejo, fíjate en lo que dices”, “Uno no se pasa la vida estudiando, para que venga cualquier pendejo a quererle enseñar su oficio”, “De pendejo me meto a esa cueva”, “¡Ya cállese, vieja pendeja!”. 2 Hacerse pendejo Hacerse tonto, disimular o eludir la responsabilidad: “Todos estamos en el pedo, no se hagan pendejos”. 3 A lo pendejo A lo tonto, sin prever ni calcular los efectos: “No puedes salir a la calle a lo pendejo, a que te asalten”.
Imagínese usted lo que puede implicar el ser tonto en extremo, y las consecuencias de ello. La dimensión de los asuntos públicos es vasta, variada. Podemos ir de los problemas de política interior (o en ocasiones, la llamada grilla) hasta temas de derechos humanos, ciencia y tecnología, salud y prospectiva médica, o cultura, en los que, si bien es muy válido no ser especialista, no se puede caer en la trampa de querer dominar y creer que la voz del gobernante lo es todo, es decir, no pueden creerse “la mamá de los pollitos”, porque de entrada, eso sería una pendejada más, pero una mayúscula porque significa que estamos dejando de lado la posibilidad de escuchar e incluso exigir opinión de especialistas o del equipo de trabajo para tomar la mejor decisión con la mayor información posible.
Y la tercera característica, ser necio, puede ser la más contraproducente. El diccionario señala que “necio. 1 s y adj. Persona que insiste tercamente en repetir sus errores, en aferrarse a sus ideas o en mantener una postura: “Le dije que no fuera, pero como es una necia no me hizo caso”, “No se puede, no seas necio”. 2 adj. Que carece de razón o de inteligencia; que es tonto y terco: “Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón…”, “A palabras necias, oídos sordos”.
Así que imagínese lidiar con gobernantes que pueden saber que, a todas luces, se hacen acompañar de malos funcionarios y, en consecuencia, puede haber malas perspectivas de decisión pública; pero lo más agravante es querer continuar en un sendero de error por eso, por obstinación, por no conceder el espacio para otra perspectiva.
Esto en gran medida tiene que ver con una característica individual de sentirse inferior al aceptar no tener la razón en algo y, por otro lado, en estar encapsulado en la toma de decisiones y no dar la apertura para que haya voces discordantes.
Ahora bien, imagínese usted las combinaciones: puedes ser huevón, pero eres inteligente y no eres necio, ¿es aceptable? Puedes ser pendejo, pero eres muy trabajador y no te dejas llevar por la necedad, ¿es aceptable? Puedes ser huevón y tonto, pero necio/tenaz, ¿es aceptable? Saque sus conjeturas con quienes le vengan a la mente.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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