Entes viajantes
El turista sale a la calle a encontrarse con cosas que le resulten novedosas: museos, conciertos, exposiciones, restaurantes y demás. Para hacer turismo se requiere entrar en un papel específico, se hace más lento el caminar y más sorprendible la mirada, los lugareños aprenden a distinguir a los visitantes por su modo de andar, los sentidos del turista se vuelven receptores ante múltiples posibilidades que su destino le ofrece, opciones regularmente adaptables al presupuesto dejado por las otras menos turísticas actividades.
El objeto preferido del turista es la cámara fotográfica, ¿qué sentido tendría hacer turismo sin que otros pudieran enterarse? Todo lo novedoso, en especial si es exótico, es digno de ser capturado en imagen, mientras más lejos se encuentre de su hogar, más extraño se encuentra lo habitual para los otros.
El turista juega a hacer etnografía de placer, es suficiente visitar las agencias de viajes para encontrar todos los clichés y lugares comunes de los destinos turísticos, un destino turístico respetuoso ofrecerá atracciones justificantes, así sean torres, playas o cerros.
Para muchos turistas es mejor evitarse las trabas y complicaciones que el actuar gratuito exige, se compran paquetes completos que incluyen transportes, hospedajes, desayunos, comidas y cenas tipo bufet con espacios para esparcimiento con barra libre y algunas actividades de recreo en el destino, no hay necesidad de preocuparse por mucho más que por pagar la cantidad adecuada, “todo incluido” se suelen denominar, la satisfacción del cliente estará más o menos garantizada en proporción a la flexibilidad de su exigencia, las agencias ofertan experiencias para los hastiados de habitualidad.
Hay opciones para todos, el mochilazo es para los autodenominados más aventureros, que buscan la realidad con un toque de veracidad, no hace falta pagar tanto para experimentar, con unas buenas botas, sombrero y mochila, donde quepa lo que no se puede dejar, es más que suficiente, ni siquiera es necesario saber exactamente a donde ir, salir es lo que importa, cualquier rincón es cama para los que prefieren dormir lejos de la propia, como fuera de casa en ningún lugar.
A veces extrañar algo es la mejor forma de atesorarlo, para vagar por el mundo hace falta salir de algún lado al que se pueda volver, de otro modo ya no sería turismo.
Los sorprendibles ojos del turista siempre encontraran cosas dignas de convertir en memorias, los llaveros, plumas, imanes para el refrigerador, vasos, tazas, playeras y demás artilugios son bautizados como “recuerditos” o souvenirs en un contexto más global, y están al alcance del viajante por módicas cantidades, los que se quedan se manifiestan cuando se acude a las tiendas turísticas y parte de regresar es hacer entrega de dichas memorias adquiridas, que siempre significan más para el que las compra que para el que las recibe, regalar “recuerditos” siempre resulta un poco presuntuoso y probablemente el acreedor no tenga mucho del viaje que recordar.
Los mejores días para hacer turismo son los fines de semana y las vacaciones, múltiples descansantes se reúnen en los destinos más agradables y convenientes, y se distinguen de los habitantes locales que a ciertas horas del día salen a ofrecer algún producto del lugar, que será bien recibido por el paseante, comidas y bebidas que suelen contener sabores locales que incrementan la auténtica experiencia de la lejanía, del mismo modo, los precios variarán de acuerdo a las zonas de venta, la atención excesiva es directamente proporcional al costo, hay a quienes les gusta la exclusividad y los servicios VIP que otorgan esa categoría a quien esté aburrido de ser tan poco importante.
Los regresos siempre son de análisis internos, las ventanas de los aviones o autobuses suelen ser buenos contenedores de caducantes turistas reflexivos que vuelven a su terruño, se puede pensar en mucho o en nada. Los paseantes regresan distintos a como se fueron, con menos dinero, pero con los sentidos renovados, a veces hace falta partir un poco para mantenerse mejor en el mismo lugar.
El turismo debe dosificarse en medida del calendario, lo extraordinario radica también en su inconstancia, ya habrá algún momento en que las fotos y los llaveritos evoquen los porqués próximos del siguiente viaje. Al regreso, el turista sabe que va cambiando de calificativo mientras más se acerca a casa.
