FRESNILLO. La reintegración a México para migrantes deportados es un reto. La difícil situación de dos fresnillenses repatriados de Estados Unidos: René y Esteban, refleja la realidad de quienes, después de pasar décadas en el vecino país, regresaron a su tierra natal para iniciar desde cero y enfrentar un presente lleno de obstáculos y sin apoyo.
1989: inicia la travesía
Hernando René inició su travesía migratoria a la edad de 21 años. En 1989 dejó atrás su tierra natal en busca de una vida mejor, acompañado de familiares. Su llegada a South Gate, California, marcó el comienzo de una larga carrera en la que encontró trabajo en plomería.
Durante los primeros cuatro años y medio se consolidó laboralmente, lo que le permitió ganar experiencia y establecerse en un país que prometía prosperidad. Su recorrido lo llevó posteriormente a vivir cinco años en Florida y otro lustro en Tennessee.
En su estancia logró obtener la residencia, pues se casó con una ciudadana estadounidense, lo que representaba un paso crucial hacia la ciudadanía. Sin embargo, su estabilidad se vio truncada por un incidente que, según relató, fue producto de presuntos prejuicios raciales.
“Un delito que no cometí”
René relató que mientras se desempeñaba en un trabajo en el sector de la construcción, que lo llevó a conocer varios estados, fue acusado de supuestamente discriminar a un nativo de Estados Unidos, pero aseguró que no cometió ese delito.
“Una persona con trastornos mentales, que ya había tenido conflictos con algún nativo, me inculpó de un delito que no cometí”, insistió.
El incidente ocurrió en el lugar de trabajo, cuando agentes de migración, basándose en descripciones que coincidían con su apariencia, lo detuvieron y lo encarcelaron durante seis meses.
A pesar de que René afirmó que era inocente, el proceso judicial derivó en una condena que, de haberse ejecutado plenamente, habría significado pasar hasta cinco años de prisión.
Pero lo peor estaba por llegar: la sentencia culminó con la pérdida de su residencia, dejándolo sin posibilidad de regularizar su situación legal en Estados Unidos.
René gastó cerca de 80 mil dólares de sus ahorros para poder defenderse y pagar una multa de 21 mil dólares al presunto afectado. “Me quitaron mi residencia y, de esa manera, me expulsaron del país”, recordó con pesar.
Difícil reintegración
De vuelta en Fresnillo, el retorno a casa se convirtió en una lucha constante. La economía local y la escasez de oportunidades laborales representan barreras que impiden a René establecerse y reinsertarse en la sociedad.
“Aquí, económicamente es muy duro. No hay trabajo y es complicado salir adelante”, aceptó el migrante, quien, a pesar de su experiencia en áreas como la construcción de estructuras metálicas, cielos acústicos y tablaroca, se enfrenta a un mercado laboral inexistente.
Además, el ambiente y sensación de inseguridad contrastan radicalmente con la relativa estabilidad y orden que asegura experimentó en Estados Unidos.
“En Estados Unidos estaba más tranquilo, aquí la inseguridad es muy fea. No se puede salir a la calle después de cierta hora por el riesgo que representa”, lamentó.
No desiste
A pesar de las adversidades, René aseguró que no se dará por vencido y explora oportunidades, incluso considera la posibilidad de trasladarse a Canadá.
“Fui a Canadá el año pasado y me surgieron propuestas de trabajo, lo cual es una buena opción, ya que allí se da una mayor oportunidad en el sector en el que me desempeñé en Estados Unidos”, puntualizó.
Explicó que hace tres semanas intentó cruzar de manera ilegal a los Estados Unidos a fin de reunirse con sus dos hijos, quienes tienen 35 y 21 años, así como con sus nietos, para convivir con ellos y estar presente en sus vidas, pero fue detenido por la policía de inmigración, que lo repatrió.
“Me dijeron que si vuelvo a intentarlo me pueden dar una condena mínima de cinco años en prisión, regresar a Estados Unidos tampoco representa una opción para mí”, lamentó. Con abogados de ese país, sus hijos buscan obtener la ciudadanía; sin embargo, el proceso será largo y costoso.
En tanto, se reunió con ellos en tres diferentes oportunidades en Piedras Negras, Coahuila. “Fresnillo es un lugar peligroso, no quiero que mis hijos vengan al municipio, prefiero ir yo a la frontera a visitar a mis hijos y nietos”, explicó.
Sistema en contra
Esteban, otro fresnillense deportado, vivió en Texas por 30 años, de los cuales 25 transcurrieron en libertad y cinco años y cinco meses en prisión.
Su testimonio expone una serie de episodios de violencia doméstica, conflictos familiares y un sistema judicial que, consideró, funciona de manera corrupta y coordinada para perjudicar a los migrantes.
Residió en Hueco, Texas. Su vida en Estados Unidos comenzó en 1995, con la esperanza de prosperar y ayudar a sus padres que se quedaron en Fresnillo, pero se vio envuelto en problemas.
Casado durante 20 años, en medio de una relación marcada por infidelidades y agresiones, el ambiente familiar se volvió insostenible.
“Un día ya dije: yo me quiero ir, ya no quiero estar con esta persona. Pero ella no quedó a gusto y, en otro problema más recio, comenzó a golpearme”, afirmó.
Expuso que en una ocasión su ex pareja llegó a su casa y, tras una breve disculpa, el conflicto escaló a tal grado que, durante el altercado, Esteban la empujó y ella lo acusó de un delito que él insiste en que no cometió.
Así comenzó lo que definió como una pesadilla judicial: “Me dieron un cargo, sin pruebas, nomás por lo que ella había dicho”.
Largo proceso
Durante dos años, Esteban enfrentó un proceso en el condado de Texas. Acusó que fiscales, jueces y abogados trabajaron de manera coordinada para condenarlo.
Tuvo cinco abogados, tres pagados por él y dos asignados por el Estado, pero al final se le impuso una pena de cinco años en total, los cuales cumplió, y siguieron otros seis meses, para luego ser deportado. Esteban recordó su experiencia en prisión como traumática:
“La comida, el trato… te tratan como basura, especialmente a los hispanos. Mis hijos me ayudaron, me daban dinero para poder comprar comida, [porque] si uno quiere comer tiene que conseguir dinero. Las personas morenas son los principales enemigos o de los hispanos, es gente mala que por cualquier cosa genera conflictos”.
Un ambiente hostil y la sensación de injusticia marcaron su salida forzada de Estados Unidos, donde había logrado la ciudadanía, pero el proceso de deportación implicó no solo la pérdida de libertad, sino también la estafa de todos los bienes que había logrado acumular durante su estancia.
“Los abogados y el sistema de Estados Unidos lucran con nosotros; pagué y aún así me dejaron en una situación muy precaria, sin dinero para poder invertir en Fresnillo”, criticó, pues en abogados y multas gastó más de 50 mil dólares.
“Mi ex esposa se quedó con lo que habíamos construido y me quitaron la posibilidad de quedarme allá. Ya tenía hijos nacidos en Estados Unidos, y en su arrepentimiento mi ex esposa me pidió que me quedara, pero al final, fui deportado por su culpa”.
Llegada al terruño
El impacto de la deportación en la vida de Esteban fue radical. Tras 30 años en Estados Unidos, donde había desarrollado costumbres y un estilo de vida muy diferente, su regreso a Fresnillo significó un cambio profundo y doloroso.
“Hay ratos que no sé qué hacer. Mi mentalidad ya estaba acostumbrada a otra vida y, de repente, llego aquí y es difícil adaptarse. Apenas tengo un mes y siento que todo ha cambiado”, puntualizó.
Reconoció que el entorno es completamente desconocido a cuando se fue en 1995 y enfatizó que su llegada a El Mineral fue complicada, pues no tenía recursos económicos.
La reintegración social y laboral no es sencilla para Esteban. Su oficio en Estados Unidos consistía en el manejo y arrendamiento de caballos, además de realizar soldaduras para mantener su rancho.
Sin embargo, lamentó que en México las oportunidades son limitadas, hay una gran diferencia de ingresos y condiciones laborales, además de la falta de apoyos. “Aquí la única opción es el campo, pero pagan 2 mil pesos a la semana y no es lo mismo”.
Frustrado, Esteban mencionó que a pesar de acudir a solicitar apoyo al Servicio Nacional del Empleo (SNE), sigue a la espera que se contacten con él.
Solo promesas
La dirección de Apoyo al Migrante Fresnillense se comprometió a gestionarle a Esteban ayuda, para que pueda comprar herramientas y así autoemplearse. “De la Secretaría de Atención al Migrante Zacatecano solo recibí falsas esperanzas y ningún apoyo”.
Reconoció que volver a Estados Unidos de manera ilegal no es una opción. “Si me vuelven a agarrar podría enfrentar otros 15 meses de cárcel”, advirtió.
Pese a esto, el hombre asegura que no se resignará a su nueva realidad, ya que consideró la posibilidad de emprender por su cuenta en Fresnillo y sueña con retomar parte de su oficio de arrendador de caballos y soldador, adaptándolo a las condiciones locales.
“Si tuviera un lugar fijo podría reanudar lo que hacía allá: trabajar con caballos, armar arrendamientos, incluso ofrecer mis servicios como soldador”, expuso, aunque admite que los ingresos no son comparables a los que disfrutaba en Estados Unidos.
Respecto a los problemas de inseguridad, Esteban reconoció que tiene miedo de salir por las noches, aunque no ha sufrido percances ni altercados con personas. “Dicen que existe bastante inseguridad, pero yo veo condiciones para poder trabajar”.
