El zinc es un mineral esencial que no se almacena en cantidades significativas en el cuerpo, por lo que debe obtenerse regularmente a través de la dieta.
El zinc es responsable de varios procesos biológicos en el cuerpo, incluida la función inmune, la síntesis de proteínas, la curación de heridas y el apoyo al crecimiento y desarrollo normales.
Una deficiencia de zinc puede tener un impacto negativo en varios de estos procesos biológicos y también puede afectar la función reproductiva y el desarrollo cognitivo. Alguna evidencia sugiere que una deficiencia grave de zinc puede tener un efecto negativo sobre la fuerza y la función muscular.
Algunos estudios demostraron que los atletas que practican resistencia y otras formas de actividad extenuante tienen un mayor riesgo de sufrir deficiencia de zinc.
Esto puede deberse a la exclusión de ciertos alimentos de su dieta o a una falta de ingesta general de alimentos para mantener un peso corporal bajo.
Estos factores pueden ponerlos en riesgo de sufrir una resistencia reducida, pérdida de masa muscular y un mayor riesgo de osteoporosis.
Además, los niveles bajos de zinc reducen la fuerza y la potencia muscular, por lo que una cantidad inadecuada de este podría afectar el rendimiento tanto durante el ejercicio de resistencia como durante el ejercicio que requiere fuerza y potencia. Los niveles bajos de zinc se correlacionan con una menor testosterona sérica, lo que puede afectar significativamente muchos aspectos del rendimiento, como la fuerza, el porcentaje de grasa corporal y la recuperación.
Algunos alimentos ricos en zinc son: Pollo, cerdo, carne de res, mariscos, pescados, sardinas, salmón, leche, huevo, yogurt queso, leguminosas, nueces, almendras, cacahuates, champiñones, espárragos y calabaza.
