GUANAJUATO. Este sábado se celebró en la plaza La Luz, de León, Guanajuato, la tradicional Corrida Guadalupana, donde la ganadería de Caparica sumó su segunda tarde triunfal.
Recordemos que en Ciudad Juárez logró 11 orejas y un rabo, mientras que en este evento sumó cinco apéndices.
Cinco toros fueron de buen juego, destacando el quinto de arrastre lento, mientras que el sexto fue el lunar del encierro, aún así, un doble golpe de autoridad es el que dieron los ganaderos Roberto Viezcas y Manuel Muñoz Cano.
Los matadores que salieron a hombros fueron Diego San Román e Isaac Fonseca, quienes cortaron dos orejas. En tanto, David Galván se fue con un trofeo.
ARROLLA AL ESPAÑOL
El Jinete, de 470 kilos, fue el abre plaza de la ganadería de Caparica, al que David Galván saludó de manera breve con el capote.
Un astado bravo que peleó con fuerza en el caballo y que en el quite arrolló aparatosamente al torero español David Galván, que después toreó lento y suave con el capote.
Comenzó por bajo y largó su labor muleteril con trazos con mucho recorrido. Esto apenas fue el comienzo de una faena donde reinó el reposo absoluto, un toro con codicia, fijo y repetitivo, al que llevó con naturalidad: roto completamente.
Aprovechó el virtuoso pitón derecho, surgiendo series portentosas. Toreó en redondo y detuvo el tiempo, mostrando un toreo de altos quilates.
APLAUSOS EN EL ARRASTRE
El Cantinero, de 466 kilos, segundo de la tarde, correspondiendo al queretano Diego San Román que se impuso desde el buen saludo capotero, toreando por verónicas y después por chicuelinas.
El matador dio paso a una faena en la que se encontró otro ejemplar potable de la ganadería de Caparica, ligando series por ambos pitones, sintiendo con profundidad, y desplegando también ese torero de valor en donde siempre está temerario y con una entrega absoluta que no le cabe en el cuerpo.
Toreó de rodillas para abandonarse, poniendo los puntos finales de una obra bien hecha que tuvo ese reflejo en los tendidos.
Manoletinas de rodillas en un cierre épico donde desbordó una entrega inconmensurable y se llevó tremenda voltereta de la que salió airoso.
Buen espadazo, pero no fue suficiente para que el novillo doblara, haciendo uso de la espada corta. Palmas al toro en el arrastre.
MAYORITARIA PETICIÓN
El tercero de la tarde, El 7 Mares, al que Isaac Fonseca saludó de rodillas con un farol. Después, verónicas también de hinojos, para dar paso a las chicuelinas.
Un ejemplar que desde largo embistió en el primer cite de Fonseca, quien esperó mucho para el segundo muletazo, consiguiendo ligar una serie por pitón derecho.
El astado de pronto frenaba el paso, más cuando lo llevaban por el izquierdo, pero el torero lo asumió con claridad de ideas y estuvo rotundo, acortando las distancias, y consiguiendo ese poder y lucimiento.
Cuando se pensaba que no se podía ir a más, Fonseca y su mando, su grandeza y rotundidad, cuando por pitón derecho hizo cimbrar León.
Hoy puso algo más, una inventiva natural, una faena sin guión, pero con el final de una verdad escrita.
Una gran estocada y una muerte a los pies de quien hoy se vistió de honradez. Dos orejas tras la mayoritaria petición.
DEJA ESCAPAR UNA OREJA
El cuarto de la noche, Despacito de 460 kilos, segundo del lote de David Galván, que comenzó con muletazos por alto su faena. Cambiados por la espalda desafiantes y tocando las fibras sensibles.
Era un toro que se quedaba muy corto, que se metía y tenía ese peligro latente de manera constante.
Por el izquierdo, consiguió pausar más la faena. Llevó a más su labor, siendo más tres últimas series con mucho reposo y con muletazos de mayor hondura.
El animal no dobló y por tanto perdió la posibilidad de cortar una oreja, retirándose entre palmas y silencio.
SE LE ENTREGA EL PÚBLICO
El quinto de la noche, José Alfredo, de 462 kilos, segundo del lote de Diego San Román, que una vez más antepuso el valor y la determinación.
El novillo se quedaba muy corto, pero mantuvo siempre esa fijeza y esa transmisión.
No existió punto medio, San Román entregó todo, acortando las distancias, temerario y siempre dispuesto logró someterle, y al final, rotundo lo llevó a buen puerto.
Se metió entre los pitones, en los terrenos de las tablas, sacando muletazos con las fibras del pundonor.
La gran estocada y la entrega de un público que se le rindió. Cortó dos orejas y el toro mereció el arrastre lento.
Alma de Acero, el novillo que cerró plaza y de menos juego del encierro con el que apostó el michoacano Isaac Fonseca que se retiró en silencio tras dos avisos.










