Las últimas palabras de Iturbide
El teniente coronel Carlos de Beneski y Beaufort (Bayona, Francia, 1793), escribió Una narración de los últimos momentos del ex emperador mexicano Agustín de Iturbide. Lo redactó en español, fue traducido al inglés y publicado en Nueva York (1825).
Este francés participó en acciones militares en Europa y México. Estuvo con el libertador porque lo acompañó para venir a México desde Inglaterra. La intención era manifiesta: volver a hacer política.
Iturbide fue detenido el 15 de julio de 1824, en Soto la Marina, Tamaulipas; esto ocurrió al desembarcar y saber quién era. Al advertirse su personalidad, las autoridades le anunciaron la existencia de un decreto del Congreso nacional, que lo proscribían -lo declaraba fuera de la ley si se presentaba en el territorio nacional y al momento de su detención sería fusilado-.
El Congreso era considerado soberano, asumía el halo de la total representación política de México, y se oponía a Iturbide. Lo ejecutaron en el pueblo de Padilla un día como hoy, julio de 1824.
Carlos de Beneski escribió: “Tan pronto como Iturbide hubo realizado sus últimas obligaciones cristianas, fue llevado como a las seis cerca de la caída del sol, a la plaza pública, el lugar escogido para su ejecución.
“El calor de la región, que era excesivo, lo forzó a pedir un vaso de agua y al bebérsela se lo acabó; después, viendo a las autoridades pidió autorización para hablar a las tropas que lo ejecutarían; y habiendo recibido permiso para ese efecto, les habló en los siguientes términos, que fueron sus últimas palabras: ‘Mexicanos, en este último momento de mi vida, yo recomiendo a ustedes el amor por su patria y la observancia correcta de nuestra religión; es la religión la que los llevará a la gloria. Muero por haber venido a auxiliarlos y muero feliz de expirar entre ustedes. Dejo este mundo con honor, y no como un traidor, traición que no podrá adjudicárseles a mis descendientes. ¡No, nunca se dirá que yo fui un traidor! Mantengan subordinación estricta y sean obedientes a sus comandantes […]´.
“El oficial que dirigió la ejecución se acercó ahora para ponerle una venda sobre sus ojos: Iturbide no aceptó, diciendo que era innecesario; pero al insistir el oficial que tal era la forma que debía de ser observada, el ex emperador sacó su pañuelo y lo puso sobre sus ojos con sus manos; hecho esto se hincó, y habiendo recibido dos balas en la frente y dos en el pecho, murió. De inmediato recogieron el cuerpo y lo depositaron en una capilla con el propósito de enterrarlo al día siguiente”.
Posdata:
Agustín fue emperador de México, el primero. Antes era reconocido como militar contrainsurgente, héroe independiente.
Enfrentó a los políticos primigenios que leyeron tanto y en los vericuetos de la acción se encontraron entre las posibilidades del congreso, diputación, imperio, provincia, soberanía, majestad, república, emperador, ministro, diputado, federalismo, departamento, libertades, igualdades, ciudadano, mexicano, dios, patria, señorías, españoles, mexicanos, herejía, masonería, catolicismo.
Fue emperador porque se aguzó sobre todos. Agustín ideaba una patria unida, católica e independiente. Con un ejército fuerte, una sociedad jerarquizada, una religión, un hombre que fuese centro y motor. Intuía modelos desde el absolutismo español, la pujanza del Napoleón carismático, la tradición inglesa y la pervivencia del comodato.
En la ciudad de Zacatecas, mientras en un local de los portales de Rosales se trazaban patria y emperador; en la aduana se alineaban cañones por la república. Se fomentaba la idea de la república en oposición al emperador.
Era una república con halo senatorial y romana, tenía su inspiración en las lecturas y el interés de ser ciudadanos y políticos y no súbditos jerarquizados.
Los diputados al Congreso general por Zacatecas votaron inicialmente en favor de Iturbide. Luego, los formados en Guadalajara (ya había facciones, no todo es García Salinas y sus hagiógrafos), se desdijeron y encabezaron el cronmwellazo y la republicanización.
