CIUDAD DE MÉXICO. Este domingo se celebró la segunda novillada de la temporada en la Plaza México. Buena respuesta se tuvo de nueva cuenta por parte de la afición en los tendidos del Coso de Insurgentes, por lo que está funcionado la fórmula de celebrar los festejos a las 13 horas.
Esta novillada llevó como protagonista un gran encierro de la ganadería de Fernando Lomelí: ejemplares bien presentados, con bravura, nobleza y calidad, de buen juego; cuatro de ellos aplaudidos en el arrastre y uno de arrastre lento.
Al final, la recompensa llegó para el ganadero, que al doblar el sexto ejemplar dio una vuelta al ruedo tras una clamorosa petición por parte de la afición.
El triunfador del festejo fue el novillero tlaxcalteca Jesús Sosa, que cortó la única oreja del festejo. El novillero zacatecano César Pacheco tuvo un lote potable, por lo que saludó en el tercio a su primero.
PACHECO, PUDO SER MÁS
Abrió la tarde Flaquito de 449 kilos, un novillo serio y bien presentado de la ganadería de Fernando Lomelí que correspondió al zacatecano César Pacheco.
Éste saludó, asentado, con dos verónicas, rematando con una vistosa revolera. Brindó su faena al respetable y comenzó su faena con muletazos por bajo.
Las dos primeras series fueron con mando, largueza y profundidad. Se encontró un novillo con un potable pitón derecho que exigía sitio y toque preciso, muletazos de buena manufactura, aunque lo engancharon y eso deslució la faena.
Detalles en los remates que fueron bien recibidos por el público, que observó las virtudes del astado. Fue éste el que también le permitió dos series por el izquierdo al novillero zacatecano. Mató al segundo viaje. Saludó en el tercio y el animal mereció arrastre lento.
César Pacheco no quiso dejarse nada y desde salida apostó por todas: se fue a recibir a la puerta de chiqueros y ahí esperó a Güerito, de 439 kilos, del hierro de Fernando Lomelí, ejecutando una larga cambiada.
Buscó también la variedad en el quite y llegó a la faena de muleta, asentado, alargando el trazo y dejando ver la clase del novillo, que humilló, con nobleza y recorrido.
Madurez y evolución mostró el zacatecano, que sintió el toreo y gustó al público capitalino. El novillo fue a más, pero César se quedó en la línea de fuego.
Lo que pudo ser más, terminó en una faena mediana. Mató de estocada certera y tuvo petición no concedida, saludando en el tercio.
En tanto, el ejemplar de Fernando Lomelí mereció los honores del arrastre lento.
EL ESFUERZO DE LUIS MARTÍNEZ
Mi Cuatote, de 420 kilos, segundo de la tarde, saltó al callejón, sin ocasionar daños. El ejemplar correspondió a Luis Martínez, que estuvo variado con el capote.
El novillo tuvo calidad, transmisión y permitió el trazo largo de un torero firme y determinado que fue ligando las series con muletazos profundos por ambos pitones.
Por el izquierdo le faltó encontrar la distancia, ganando terreno y lugar el astado, y yéndose hacia abajo la faena.
Apostó de nueva cuenta por el derecho, y aquí estuvo con la disposición de seguir agradando. Cuando toreó más lento, la faena reflejó mayor calidad, y es que así demostró que el entendimiento se refleja con mayor fuerza en el tendido.
Sentir y hacer sentir. Culminó con manoletinas de buena manufactura, pesado con la espada, se retiró entre palmas y un aviso. El quinto tuvo menos opciones, Don Fer. Éste fue el ejemplar de menos juego, que correspondió a Luis Martínez, quien hizo el esfuerzo y buscó por ambos pitones, aunque sin llegar a más.
SOSA, EL TRIUNFO Y LA ENTREGA
Saltó a la arena Bonito, tercero de la tarde, de 461 kilos, para el tlaxcalteca Jesús Sosa, que desbordó la emoción con el saludo capotero.
Rivalizó en quites con César Pacheco, cada uno dejando su estilo y sello. Estoico, Sosa, comenzó por alto su faena de muleta con pases.
Demostró el deseo de triunfar, de dar un golpe sobre la mesa en la Plaza México.
Las primeras series con claridad y determinación, pero el toro fue a menos. Lo que vino después fue el deseo de estar. Insistió en los medios y bajo todos los recursos.
Fue prendido al finalizar su labor, para después matar de buena estocada y tras la petición, cortar una oreja.
José Sosa y su deseo de salir a hombros. De rodillas comenzó su faena, con ese pundonor que todo novillero debe llevar.
Graduado, de Fernando Lomelí, un auténtico ferrocarril, con fuerza, bravura y mucha fuerza; una exigente prueba para Sosa, que tuvo variedad y determinación. Aguantó en demasía y la afición estuvo con él. Pesado con la espada, se retiró en silencio.
FOTOS: ABRIL RÁBAGO


























