Los muertos enterrados en 1914
El número de muertos de la batalla de junio de 1914, es un dato difícil de concretar. De las destrucciones materiales, las fotografías dan cuenta selectiva de los derrotados. José G. Escobedo escribió La batalla de Zacatecas, treinta y dos años después [México, spi. 1946], allí dijo: “Muertos por todos los rumbos; basura en abundancia, sobre todo excremento de bestias, gorras militares, papeles, botellas vacías, cascos de granadas, zapatos, fornituras destruidas. Nos hastiamos de contemplar tantos cadáveres y empezamos a sentir horror y a la vez cierta misericordia por los vencidos”.
Antes de que iniciara con fuerza la batalla, hacia el 10 de junio de 1914, los fallecidos fueron 592. La mayoría fueron depositados en el panteón de Herrera. Entre el 11 y 14, los días que atacó la División del Centro, no hubo registro de muertos.
El 15 de junio reinició el asentamiento. El Hospital Civil informó las muertes de niños y jóvenes con viruela y tifo. Un muerto ilustre fue Javier Medina Barrón (militar, casado, 45 años), él era hermano del gobernador. Fue atendido por el director del Hospital. Javier murió por una herida con arma de fuego, el 13 de junio de 1914. El reporte ocurrió hasta el día 16. Lo enterraron un día antes en el templo de Santo Domingo. Tal sacralización funeraria fue por órdenes del hermano gobernador.
Entre el 15 y el 22 de junio, los muertos enterrados fueron 25. Salvo tres que fueron depositados en el panteón del Refugio (sitio actual junto a la estación del ferrocarril), el resto lo llevaron al de Herrera. De los 25 muertos, ocho eran niños y niñas; dos militares, uno de ellos con 82 años de edad. En los días atronados, los enterrados fallecieron por conmoción, problemas del corazón, agotamiento senil, tifo y males gástricos. A las 10:45 de la mañana, del 22 de junio de 1914, fue el último censo.
El Registro Civil de la ciudad de Zacatecas asentó, al 2 de diciembre de 1914, que los difuntos con nombre y deudos fueron 1 mil 163 personas. El mismo día registró tres decesos del día anterior. Volvamos al verano, luego de la batalla de junio, los fallecimientos se registraron hasta el día 29 de ese mes, desde entonces el rastreo no se suspendió, como ocurrió entre el 22 y 28 de junio, cuando no hubo responsable de la institución reformista.
Los panteones de La Purísima, Herrera y El Refugio fueron los depositarios de los cadáveres con deudos. Los muertos del día de la guerra quedaron sin nombre. Los quemaron y depositaron en fosas anónimas. En el mes de julio, el período de máximo terror revolucionario, el registro da cuenta de 139 muertos.
Un indicio de la violencia que ejercieron los revolucionarios fue la concurrencia de hombres reconocidos para registrar a los difuntos. Antes, lo frecuente era el envío de una nota autorizada por un médico; el mensajero era un mozo.
En julio, lo ordinario de la solicitud de registro lo hacían amigos, familiares y médicos. Asistían acompañados de testigos conocidos. Los fallecimientos enterrados en agosto ascendieron a 106 personas. El mes siguiente fueron 79; octubre registraron 85.
Por cierto, el 29 de agosto de 1914, antes del mediodía, se presentó el abogado Sixto Díaz ante el juez de Registro Civil. La asistencia fue para declarar que Inocencio López Velarde falleció el 23 de junio. La muerte fue por traumatismo. También informó que el cuerpo del sacerdote ya yacía en el panteón de La Purísima.
Posdata:
Yehya escribió en X: “En un tiempo de desgracias y catástrofes, un motivo más para la tristeza: muere el gran Paul Auster”.
