ZACATECAS. El matador de toros Juan Pablo Sánchez se llevó el Escapulario de Plata de la Virgen del Patrocinio, que recibió de manos de los empresarios Pedro Haces y José Aguirre.
El temple y sentimiento del hidrocálido se hicieron presentes en dos faenas importantes, que culminaron con el corte de una valiosa oreja.
La tarde que registró una gran entrada se vio retrasada por la fuerte lluvia que cayó minutos antes de las 17 horas, pero que, por fortuna, cesó con rapidez.
En esta jornada, el lucimiento también estuvo de parte de Héctor Gutiérrez, quien siempre plasma su convicción, y esta tarde no fue la excepción; sin embargo, la espada le privó del corte de trofeos.
Por su parte, el zacatecano Ángel Espinosa Platerito cuajó una buena faena, sobre todo de grandes emociones: cortó una oreja y, a su paso, demostró el deseo y las ganas que mantiene intactas.
El temple natural de Sánchez
Extremeño de 494 kilos, el abre plaza, de Fermín Espinosa, para Juan Pablo Sánchez, que estuvo breve con el capote. Un brindis, a la distancia, al ganadero Don Armando Guadiana, quien atraviesa un delicado estado de salud.
Juan Pablo comenzó por bajo su trasteo, doblándose con largueza, y después dio inicio a una faena en la que corrió en las dos primeras series con hondura y naturalidad.
Al toro le faltó esa fuerza, pero la virtud de la nobleza le permitió mostrar su clase; además, el temple nato de Juan Pablo relució con sentimiento y profundidad.
El hidrocálido no obligó al toro, siempre le dio su espacio entre serie y serie; obligarle le hacía perder las manos, y es por eso que la serenidad se demostró.
La faena pudo haber tomado otro vuelo, sin duda, pero fue una pena la falta de transmisión del astado de San Fermín.
Sánchez es hoy día poseedor de muñecas privilegiadas que acompañan, y cuando al toro le falta algo, a él le sobra y termina por cuajar a los toros.
Reconocimiento del público a su buen toreo, a la cercanía con la que se puso entre los pitones, a la verdad que nada guarda, a la que todo dice con un pase deletreado que termina por dar valor.
Qué firme estuvo Sánchez y qué entrega tuvo la afición que valoró su faena. Certero con la espada, tuvo petición de oreja mayoritaria que no fue concedida. Escuchó palmas.
La dimensión torera de Juan Pablo
Bolichico de 510 kilos fue el segundo de la tarde, un toro castaño de buenas hechuras al que toreó de buena manera con el capote Juan Pablo Sánchez, quien después bregó con mucha torería.
Otro toro con la fuerza justa, muy justa, pero al que el hidrocálido llevó muy despacio, sereno, con muletazos sin forzar al de San Fermín, sacando ese fondo; muletazos de buena manufactura, que reflejaron la dimensión torera de Sánchez, que se arrimó, no dejando espacio a nada, a nadie.
Nada se quedó en el tintero, hasta el final; esa entrega sin medida, el tesón a flor de piel, el deseo de sacar lo máximo que el toro permitió.
Sánchez es, punto y aparte, temerario sin necesidad de caer en lo actoral, firme de convicciones y posee una grandeza en el espíritu. Cortó una oreja.
Platerito, convincente tarde
El segundo, Salmantino de 515 kilos, segundo de la tarde, tocando en suerte a Ángel Espinosa Platerito, que tuvo variedad en el saludo capotero.
Compartió el Segundo Tercio con el aspirante banderillero Rodolfo Martínez, que hoy se examinó de manera profesional. Brindis, en otro gran gesto, al ganadero Armando Guadiana.
El toro se estrelló en un burladero y se partió el pitón izquierdo, por lo que no tuvo mayores opciones. Esfuerzo grande del zacatecano que escuchó palmas y antes un aviso.
El quinto, Tarjetero de 470 kilos para Ángel Espinosa Platerito, que puso grandes emociones a la tarde, determinación en el saludo capotero y tres pares de banderillas con enorme entrega, comprometidos, y saliendo bien librado en el último al ser prendido, sin mayores consecuencias.
Brindis al ganadero zacatecano Sergio Bonilla, para después, de hinojos, comenzar su faena de muleta, con esa misma intensidad con la que había desarrollado los dos primeros tercios.
El toro se apagó muy pronto, pero no así el deseo del torero que se puso en las cercanías, acortando siempre la distancia, buscando las embestidas, con los muslos a milímetros de los pitones, deseando sobre todo el triunfo. Oreja tras la fuerte petición.
Entrega sin medidas de Gutiérrez
El tercero, Mozqueño de 450 kilos, abre plaza, correspondiente al joven espada hidrocálido Héctor Gutiérrez, que saludó de larga cambiada de rodillas.
Brindis al público zacatecano y un comienzo de faena buscando las embestidas de un toro que tampoco tuvo fuerza, perdiendo las manos.
Las condiciones del toro no determinaron la buena entonación que dio el torero de Aguascalientes, que toreó asentado, acompañando el trazo con la cintura, en la verticalidad, cargando la suerte con esa naturalidad que le brota y que convence.
Toreó de rodillas con ese valor y esa entrega, siempre fiel a la verdad de su toreo que se interpreta con la esencia pura del anhelo de llegar a lo más grande.
Es Héctor un torero que se asume con poder, con esa entrega temeraria, y lo hace bajo la convicción de ser él mismo, sin medias tintas, sin florituras innecesarias, sólo con el deseo mismo de dar lo que tiene. La posibilidad de tocar pelo se esfumó con la espada, una pena que no llegara la recompensa de lo bien hecho. Pasaportó hasta el tercer viaje, para cosechar palmas.
Luna Roja, el cierra plaza, para Héctor Gutiérrez, que tuvo desde salida ese deseo de triunfo, desafiante en el ceñido quite por chicuelinas.
El temerario inicio de rodillas de Héctor Gutiérrez marcó el rumbo de una faena bajo la convicción. El buen trazo, acompasado de clase y sentimiento, en series que gustaron al respetable. La espada le privó del corte de una oreja.
Fotos: Manolo Briones







