ZACATECAS. Esmeralda Garza Garza es una madre de familia que se involucra en la educación de sus hijas, quienes actualmente cursan la secundaria. Por ello, se preocupa por la formación que reciben no sólo ellas, sino todos los niños, adolescentes y jóvenes que en la actualidad enfrentan dificultades, debido a los cambios que ha vivido nuestra sociedad.
Esmeralda ha manifestado su interés por contribuir en la recuperación de valores entre la juventud, participando en las actividades del centro escolar en el que estudian sus hijas.
En este camino hacia la formación de buenos ciudadanos, asume la importancia que tienen los maestros, no solo en la vida de sus alumnos, sino de la familia y de toda la comunidad.
La importancia de un maestro en la vida de un niño
Esmeralda concibe al docente como el profesionista que mayor responsabilidad tiene a su cargo. “Un maestro tiene en sus manos la vida de un niño al que puede moldear, así de grande es su responsabilidad y así de grande debe ser su compromiso”, dijo.
Es por eso, añadió, que, durante su formación, los maestros no deben guiarse solo por lo que van a ganar, sino por la huella que van a dejar en sus alumnos, “por lo que son capaces de lograr en el pensamiento de un pequeñito”.
Por experiencia personal, sabe que los maestros que se involucran y que hacen equipo con madres y padres de familia, que pueden llegar a lograr grandes cosas y hacen la diferencia en la educación.
“Ahora que soy madre de familia y me toca ver la educación desde otra perspectiva, me gustaría que las niñas y los niños tuvieran a esa figura que los inspire a soñar, a querer ser alguien, a llegar lejos, como me pasó a mí”.
Un maestro cambió mi vida
Esmeralda es originaria de la comunidad de El maguey, Villa Hidalgo, Zacatecas, lugar donde creció al lado de sus padres y hermanos.
Durante su educación primaria, tuvo la fortuna de contar con un profesor que la inspiró a salir de su comunidad para prepararse académicamente y buscar mejores oportunidades de vida.
Con orgullo dice que sus padres son personas humildes, que durante toda su vida han sido muy trabajadores, sin embargo, carecieron de una educación como para poderla guiar a ella y a sus hermanos, no tuvieron la formación necesaria ni los medios para saber que había algo más allá de su entorno y de su comunidad.
No obstante, en El Maguey, localidad de no más de 100 habitantes, fue el maestro José Luévano, quien inspiró a Esmeralda y a muchos niños y jóvenes a soñar, a prepararse, a estudiar, a viajar, en pocas palabras, les amplió su visión sobre el mundo.
A través de la lectura y de sus charlas, “ese maestro sembró en mí y en mis compañeros las ganas de salir adelante y de esos maestros necesitan los niños y los jóvenes hoy en día”, aseguró.
Gracias a él, relata, “en mi comunidad hay muchos profesionistas y mucha gente a la que le ha ido muy bien”.

